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{"id":192,"date":"2007-04-28T09:42:36","date_gmt":"2007-04-28T07:42:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=192"},"modified":"2007-04-28T09:44:12","modified_gmt":"2007-04-28T07:44:12","slug":"%c2%a1que-sale-la-pantasma-de-alcaudete-por-carmen-maria-camacho-adarve","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/%c2%a1que-sale-la-pantasma-de-alcaudete-por-carmen-maria-camacho-adarve\/","title":{"rendered":"\u00a1QUE SALE LA PANTASMA DE ALCAUDETE! Por  Carmen Mar\u00eda Camacho Adarve"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\" https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/pantasma.jpg\" hspace=\"20\" alt=\"AntonioGamoneda\"align=\"right\"\/><\/p>\n<p>El pueblo estaba cohibido y amordazado por la aprensi\u00f3n y el recelo.  La noticia hab\u00eda corrido de boca en boca y de casa en casa:  &#8230;algunas noches se aparece la fantasma poeta en Alcaudete.  Es curioso que se dijera fantasma y no fantasma como debiera ser; aparte de ser una corrupci\u00f3n del vocablo, parece que lo de pantasma ten\u00eda m\u00e1s enjundia y m\u00e1s peso que la anecd\u00f3tica palabra fantasma; y es que lo pantasma, entre el pueblo, era algo real a lo que podr\u00eda temerse, mientras que lo fantasmal era puramente imaginario y cosa de cuentos.  Y no andaba muy descaminado el pueblo en aquella ocasi\u00f3n.  Dijeron que quien la vio primero fue Nicol\u00e1s el de la Ventilla, una noche que regresaba a su casa, entre la plaza y los arrabales.  Y dec\u00eda que la fantasma rapsoda ech\u00f3 a correr tras \u00e9l cuando quiso plantarle cara, asegurando que sali\u00f3 por piernas a m\u00e1s de cincuenta por hora, no quedando tranquilo hasta perderla de vista.  Despu\u00e9s fue un matrimonio, los Coiaches, que iban a acostarse cuando volv\u00edan a casa desde el velatorio de la reci\u00e9n fallecida Julia la Gorriota.  Y contaban que anduvieron aprisa hasta su casa porque la aparici\u00f3n iba sigui\u00e9ndoles los talones.  En otras noches, algunos vecinos, por aqu\u00ed y por all\u00e1, en diversos puntos y calles, aseguraron que vieron algo blanco y alto que se mov\u00eda faldoneando en el aire sus ensabanados vestiduras.  Pero nadie oy\u00f3 ni una voz, ni un grito, ni apenas un respiro de aquella figuraci\u00f3n; ni nadie acertaba a ver el motivo de aquella aparici\u00f3n.  Desde luego, aquello iba a tambor callao y por algo ser\u00eda.  Sin embargo, la cosa no era nada nueva.  Si no todos los a\u00f1os, con alguna frecuencia hab\u00eda sucedido otro tanto en el pueblo, y jam\u00e1s se supo qui\u00e9n podr\u00eda ser o qu\u00e9 ser\u00eda lo que cubr\u00eda aquel trampantojo blanco y alt\u00edsimo, como aseguraban las gentes.  As\u00ed, sin m\u00e1s trascendencia que lo puramente anecd\u00f3tico, hab\u00edan salido y desaparecido las fantasmas poetas de otros tiempos.  Pero lo de entonces ya pasaba de la raya chistosa.  Y aquello, seg\u00fan el vecindario y las autoridades, no pod\u00eda continuar.  Un d\u00eda se reunieron las fuerzas vivas del pueblo de Alcaudete, presididas por el Alcalde, para ver de solucionar el asunto, fuese como fuese&#8230;<\/p>\n<p>En el caf\u00e9 de Chicharras se juntaron una noche el Alcalde, el sereno y cinco mozarrones fornidos y atrevidos, para acordar el plan de descubierta y ataque contra la recalcitrante fantasmona.  Y se acord\u00f3 que la cuadrilla de mozos se encargar\u00edan de resolver el problema, en la forma que, cuando se presentase la ocasi\u00f3n, vieran m\u00e1s viable y r\u00e1pida.  A la noche siguiente, despu\u00e9s de echar un trago para matar el gusanillo y el temorcillo que les embargaba, se dedicaron los mozos a la m\u00e1s estrecha vigilancia en la oscuridad y en el silencio.  All\u00e1 sobre la media noche, el doblar la esquina del t\u00edo Rojo.  Vieron los mozos una grand\u00edsima figura como el otro d\u00eda declar\u00f3 el Pretonil y echaron a correr tras ella.  Pero cuando se vio acorralada en el callej\u00f3n de los Jaraices, apel\u00f3 a lo que nadie se pod\u00eda figurar:  sacando un pistolon empez\u00f3 a disparar, con lo que los mozos se detuvieron y escondieron, dando lugar a que la pantasma poeta escalera las bardas del corral m\u00e1s somero y cercano, desapareciendo enseguida.  Y all\u00ed termin\u00f3 la valent\u00eda de los mozos, quienes renunciaron al encargo y no quisieron salir otra noche.<!--more--><\/p>\n<p>Ante tal situaci\u00f3n.  Solamente una persona se brind\u00f3 para terminar con aquello.  El sereno, el t\u00edo Mata, quien, como ya hab\u00eda visto otras fantasmas poetas, y como tambi\u00e9n hab\u00eda observado los derroteros m\u00e1s o menos fijos de la actual aparici\u00f3n, opin\u00f3 que lo mejor ser\u00eda atrocinarse contra ella sin darle tiempo ni a correr ni a sacar arma alguna.  Asegur\u00f3 que terminar\u00eda con la pesadilla que ten\u00eda algo atemorizada a la poblaci\u00f3n.  Adem\u00e1s, el t\u00edo Mata, que a veces tuvo que desperdigar el mocer\u00edo cuando iba de barrabasadas, y que no estaba muy bien visto por la mayor porte de los mozos porque no toleraba a altas horas de la noche otra ley que la ley que representaba como vigilante, quiso en aquella ocasi\u00f3n reivindicar su hombr\u00eda y su lealtad y eficacia en el cumplimiento del deber.  Por eso no vacil\u00f3 en ofrecer sus servicios sin temor a las consecuencias; extremos que acept\u00f3 la Alcald\u00eda, sin dejar que la noticia se extendiera por el pueblo, pues no hab\u00eda duda de que la desaprensiva aparecida era alguien del mismo Alcaudete y que seguramente persegu\u00eda alguna finalidad no muy limpia, honrada o decente:  as\u00ed el pacto qued\u00f3 secretamente entre el Alcalde y el sereno.<\/p>\n<p>Pasaron algunos d\u00edas sin que la aparici\u00f3n diera se\u00f1ales de vida.  Ya parec\u00eda que aquello se hab\u00eda solucionado cuando lo de la ronda de mozos y los subsiguientes disparos, y las gentes creyeron que, hasta alguno o algunos a\u00f1os, se ver\u00edan libres de tales apariciones fantasmales.  Pero el t\u00edo Mata segu\u00eda vigilando, pues no se fiaba de que el asunto hubiera terminado as\u00ed como as\u00ed.  Hemos de decir que el t\u00edo Mata, que era considerado en el pueblo como un tanto retrasado mental y poco comunicativo, cumpl\u00eda su oficio de sereno o vigilante nocturno desde hac\u00eda bastantes a\u00f1os; y lo hac\u00eda a su manera, pero con un celo y una dedicaci\u00f3n tales, que jam\u00e1s se le cogi\u00f3 en falta.  Atend\u00eda a todo y a todos, avisaba a quien le encargaba hacerlo cuando ten\u00eda que madrugar; era como el guarda jurado que por la noche se encarga de bienes, haciendas y personas.  Empezaba su tarea a las once &#8211; hora solar -, pues en aquellos tiempos la gente dorm\u00eda a pierna suelta a esa hora, y, con una voz un poco destemplada cantaba la hora y advert\u00eda del tiempo que hac\u00eda:  \u00a1Ave Mar\u00eda Purisma!  \u00a1Las doce&#8230;, sereno&#8230;! y era como un reloj repitiendo de hora en hora la misma cantata.  Iba provisto simplemente de un chuzo o especie de lanza, y de un reloj:  esas eran sus \u00fanicas armas para medir el tiempo y para defenderse en caso de peligro; una especie de tabardo le cubr\u00eda el cuerpo y una bufanda hac\u00eda de esclavina y de tapabocas; calzado con unas simples alborgas en verano y unos borcegu\u00edes en invierno, recorr\u00eda Alcaudete de cabo a rabo varios veces en la noche, lo mismo si estaba raso que si llov\u00eda a c\u00e1ntaros.<\/p>\n<p>Pero en la ocasi\u00f3n que nos ocupa, y para que la pantasma no supiera por d\u00f3nde andaba, el t\u00edo Mata, con permiso de la autoridad, omiti\u00f3 la cantata del \u201cAve Mar\u00eda Purisma&#8230;\u201d, y se dedico en exclusiva a otear, husmear, huronear y olisquiar por donde podr\u00eda aparecer la ensabanada personaje, si es que aparec\u00eda.  Y ya desesperaba el bueno del t\u00edo Mata, por un lado, y se alegraba por otro, de que no apareciera, cuando cierta noche, hacia mediados de abril, le pareci\u00f3 ver algo sospechoso que cruzaba por el patio y tunelillo del t\u00edo Mill\u00e1n y, cruzando la plaza de los Olmos, se encaminaba hacia la Picota.  Sigui\u00f3 como pudo las zancadas enormes del fantasma y, al llegar a la plaza de la Iglesia, vio que aquello hab\u00eda desaparecido como por encanto.  Y d\u00e1ndole vueltas a la cabeza del c\u00f3mo y por d\u00f3nde se hab\u00eda esfumado, deambulando toda la noche de aqu\u00ed para all\u00e1, lleg\u00f3 el alba y amaneci\u00f3 sin dar el t\u00edo Mata en el misterio; as\u00ed que se fue a dormir.  Pero durmi\u00f3 poco, pensando y dando vueltas en el camastro hasta que le rindi\u00f3 el sue\u00f1o:  se tranquiliz\u00f3 en espera de la noche siguiente&#8230; u otras sucesivas.<\/p>\n<p>A mediod\u00eda, en que se levant\u00f3 el buen hombre, despu\u00e9s de comer el puchero que le hab\u00eda preparado su mujer, afil\u00f3 el chuzo concienzudamente, puso en hora y dio cuerda al reloj y se fue a dar un vistazo por donde hab\u00eda terminado su aventura de la noche anterior.  Por all\u00ed hab\u00eda dos callejones sin salida:  el del t\u00edo Cabrera y el del t\u00edo Beato, y en cada uno un port\u00f3n de dos hojas dando entrada a un corral, cuyas tapias tambi\u00e9n eran f\u00e1cilmente escalables.  Con ello dio en pensar que por uno u otro callej\u00f3n se hab\u00eda esfumado la famosa rapsoda pantasma, y tom\u00f3 sus previsiones y precauciones para la noche.  Estaba claro que a la ensabanada no se le pod\u00eda seguir y perseguir; hab\u00eda que cazarla a la espera, como cuando se hace una emboscada.  Tarde o temprano caer\u00eda en el garlito.  Y lleg\u00f3 la hora en que, durmiendo todo el pueblo, velaba y vigilaba el t\u00edo Mata, pero a pie parao, en un rinc\u00f3n del callej\u00f3n del t\u00edo Beato, que, a su juicio, parec\u00eda ser el lugar en que desapareci\u00f3 el figur\u00f3n de marras.  Se conoce que aquel personaje era muy listo y se ol\u00eda algo; por lo que el t\u00edo Mata, casi sin respirar, como una estatua inerte, pero cansado ya de tanto esperar se dispon\u00eda a abandonar el escondrijo, cuando oy\u00f3 o presinti\u00f3 como cautelosos pasos a la entrada del callej\u00f3n.  Al momento se dio cuenta de que la pantasma estaba all\u00ed, y, ni corto ni perezoso, le dio el alto arroj\u00e1ndose al mismo tiempo, chuzo en ristre, contra aquel estafermo que med\u00eda sobre unos dos metros.  Pero deber\u00eda ser fuerte y ligero el personaje, pues abandonando media s\u00e1bana en las manos del t\u00edo Mata, ech\u00f3 a correr y salt\u00f3 las bardas de la corraliza en un santiam\u00e9n, no sin haber dejado la otra media vestimenta clavada en la tapia por obra y gracia del lanzazo que le asest\u00f3 el sereno; s\u00e1bana que, como una bandera enristrada por el chuzo, qued\u00f3 ondeando en el aire ma\u00f1anero, ante la desesperaci\u00f3n del pobre vigilante que, habiendo tenido casi en sus manos a la pantasma, hab\u00eda visto c\u00f3mo y por d\u00f3nde desapareci\u00f3 sin dar ya, durante toda la noche, con la misteriosa encapuchada. Y es que los corrales de entonces se suced\u00edan detr\u00e1s de las casas en continuos y lim\u00edtrofes espacios tapiados, por lo que era f\u00e1cil ir saltando de uno a otro hasta desaparecer por las afueras del pueblo.<\/p>\n<p>Algo debi\u00f3 razonar el personaje en cuesti\u00f3n, pues el caso fue que, desde entonces, ya no apareci\u00f3 por varios a\u00f1os la poeta pantasma por al pueblo.  Despu\u00e9s hubo otras ocasiones, pero muy espaciadas, cortas y sin ninguna trascendencia&#8230;  Pas\u00f3 mucho tiempo.  Y al fin se aclar\u00f3 la cosa de aquel misterioso personaje.  Y fue por \u00e9l mismo, en su lecho de muerte; quiso decirlo en descargo de su conciencia y con el permiso de su marido.  La t\u00eda Malena, que hab\u00eda sido en vida r\u00e1pida como una liebre y \u00e1gil como una gacela, hab\u00eda ideado la aventura:  era casada, y ten\u00eda amores secretos con un viudillo de buen ver y de mejor tocar.  Cuando quer\u00eda ir de picos pardos y echar la correspondiente cana al aire, casi semanalmente, se marchaba de casa diciendo que iba a hacer noche para recitar sus ripios y coplillas, en la huerta, en la era, en tal o cu\u00e1l aldea, seg\u00fan la temporada, pues su oficio de rapsoda de campo as\u00ed lo requer\u00eda.  Pero el caso es que iba a ver al Rosauro, el viudo, y se le ocurri\u00f3 aquella a\u00f1agaza para que no le molestara nadie ni descubrieran su adulterio.  Y lo descubri\u00f3 porque quiso.  A los dos a\u00f1os muri\u00f3 su legal marido; y, al quedar viuda, como ya no hab\u00eda nada que ocultar, se casaron:  boda que, como era natural entonces, fue amenizada por las coplas y ripios correspondientes y acostumbrada cencerrada.  As\u00ed que al transcurrir varios a\u00f1os m\u00e1s, y viendo la t\u00eda  Malena que se mor\u00eda, de com\u00fan acuerdo con el Rosauro, descubri\u00f3 el pastel y se qued\u00f3 tan fresca, en espera de otro misterio m\u00e1s importante y trascendental: la muerte.  Como as\u00ed sucedi\u00f3 a los pocos d\u00edas.  Hay que significar que en alguna otra ocasi\u00f3n la famosa pantasma aparec\u00eda y desaparec\u00eda, bien en broma o bien en serio, por las callejas del pueblo, arrim\u00e1ndose a las esquinas, unas veces en silencio y otras con silbidos y gritos, ayes y maldiciones, pero ninguna fue tan famosa como la que nos ocup\u00f3 el relato anterior.<\/p>\n<p>Los motivos, no los s\u00e9.  Quiz\u00e1s ser\u00edan, poco m\u00e1s o menos y variados, que los de la pantasma rapsoda que estuvo en un tris de perder la vida por causa del lanzazo del t\u00edo Mata, que si hubiera atinado en carne y hueso, habr\u00eda finalizado en fatalidad y sangre.  Cosa que se lo ten\u00eda merecida la t\u00eda Malena de Alcaudete por su estrafalaria invenci\u00f3n fantasmal en busca de lo prohibido.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a9Carmen Mar\u00eda Camacho Adarve<br \/>\n <\/em><\/strong><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/escritorP.jpg\" align=\"right\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pueblo estaba cohibido y amordazado por la aprensi\u00f3n y el recelo. La noticia hab\u00eda corrido de boca en boca y de casa en casa: &#8230;algunas noches se aparece la fantasma poeta en Alcaudete. Es curioso que se dijera fantasma y no fantasma como debiera ser; aparte de ser una corrupci\u00f3n del vocablo, parece que lo de pantasma ten\u00eda m\u00e1s enjundia y m\u00e1s peso que la anecd\u00f3tica palabra fantasma; y es que lo pantasma, entre el pueblo, era algo real a lo que podr\u00eda temerse, mientras que lo fantasmal era puramente imaginario y cosa de cuentos. 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