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{"id":164,"date":"2007-03-13T22:20:28","date_gmt":"2007-03-13T20:20:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=164"},"modified":"2007-03-13T22:22:18","modified_gmt":"2007-03-13T20:22:18","slug":"la-venganza-por-julio-fernandez-pelaez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/la-venganza-por-julio-fernandez-pelaez\/","title":{"rendered":"La Venganza.  Por JULIO FERN\u00c1NDEZ PEL\u00c1EZ"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\" https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/ciguena.jpg\" hspace=\"20\" alt=\"Cigue\u00f1a\"align=\"left\"\/><br \/> <br \/Los a\u00f1os comenzaban con la llegada de la cig\u00fce\u00f1a y terminaban con la marcha f\u00fanebre de las langostas en desbandada. Cuando mi padre, en un arrebato de necesidad, cort\u00f3 el \u00e1rbol donde anidada la cig\u00fce\u00f1a, ella pas\u00f3 de largo esa primavera, y los a\u00f1os tomaron por costumbre, a partir de entonces, no acabar.  \nViv\u00edamos en una casa en un altozano, en medio de la nada de un paisaje yermo y polvoriento. Mi padre hab\u00eda construido la casa al lado de un arroyo que s\u00f3lo llevaba agua cuando llov\u00eda, acontecimiento inveros\u00edmil que rara vez se daba el capricho de ser. La casa hab\u00eda sido hecha con pedazos de otras muchas casas, era cuadrada y con el tejado de chapa. All\u00ed era donde viv\u00edamos desde que yo recuerde. Mi mundo resultaba tan reducido en aquel inmenso mundo de mesetas de escombros, monta\u00f1as artificiales en continuo avance y derrumbe que nunca cre\u00ed que pudiera viajar, salir de viaje, escapar como escapan los viajeros de su desolaci\u00f3n.  \nLa cig\u00fce\u00f1a, lo recuerdo muy bien, luc\u00eda un pico de hojalata. Mi padre, de oficio sastre, hab\u00eda enfundado de metal el pico del animal, despu\u00e9s de que la cig\u00fce\u00f1a se lo hubiera abrasado de tanto escarbar en los rescoldos de los humeantes vertederos. Mi padre era un habilidoso hilandero de metal, recog\u00eda los restos de los cables de cobre, la ferralla que otros desechaban, las bovinas rotas y los restos de aparatos el\u00e9ctricos, y con todo ello fabricaba hilarantes trajes. \nMol\u00eda primero el metal, luego lo fund\u00eda con la le\u00f1a que encontraba y a continuaci\u00f3n hilachaba. Los domingos tej\u00eda la amalgana mediante una aguja de zurzir latones. Los trajes reci\u00e9n hechos los colgaba a la entrada de la casa, para que se lucieran, llamando as\u00ed la atenci\u00f3n de los transportistas de deshechos y basura s\u00f3lida que de vez en cuando paraban cerca de nuestra casa para conversar con mi padre, y de paso intercambiar viandas por trajes. \nComo \u00e9l viera que la cig\u00fce\u00f1a no volv\u00eda y los a\u00f1os no terminaban, entr\u00f3 la tristeza en casa y se apoder\u00f3 de mi padre. \u00c9l no paraba de recordar a la que fue su mujer y que muri\u00f3 momentos antes de darme la luz. Con la extra\u00f1a y h\u00fameda melancol\u00eda que padre enferm\u00f3, las cuatro paredes de la casa comenzaron a desquiciarse, cal\u00f3 la nostalgia en los falsos cimientos, la chapa del tejado se reblandeci\u00f3 con el sol, la ba\u00f1era donde se preparaban las coladas de metal abri\u00f3, la rueca de motocarro oxid\u00f3 sus rodamientos, los cristales se part\u00edan en a\u00f1icos, la casa por entero perdi\u00f3 su entereza. \nPara ahogar la angustia de una vivienda que no se dejaba reconstruir, mi padre comenz\u00f3 a beber y me aficion\u00f3 tambi\u00e9n a m\u00ed en la bebida.\nPasaba yo los d\u00edas sumida en la embriaguez del aguardiante, no com\u00eda apenas, s\u00f3lo aquellos frutos silvestres que las lindes de los caminos me ofrec\u00edan, moras de espino, hierbas crudas y ra\u00edces de plantas sin nombre ni toxicidad conocida. Fueron tiempos de espera, alucinada sinraz\u00f3n, encrucijada.\nUn d\u00eda entre tantos otros, muri\u00f3 mi padre. Muri\u00f3 tranquilo, sobre la cama de lana blanca, sumergido en la placidez del olvido de s\u00ed mismo, de su propio ser. Feneci\u00f3 al amanecer, despu\u00e9s de una noche en la que perdi\u00f3 el habla y derram\u00f3 lluvia por los ojos hasta vaciar toda su pena. Su cuerpo qued\u00f3 recubierto por la escarcha de sus l\u00e1grimas, n\u00e9ctar de vida, fr\u00edo de alma deshabitada.\nMuri\u00f3 sin apenas haberme ense\u00f1ado nada que pueda ser considerado importante y sin haberme permitido nunca una salida al exterior, m\u00e1s all\u00e1 del mundo por \u00e9l conocido.\nNo hab\u00eda acabado de expirar y acudieron las abejas que hab\u00edan fabricado su secreta colmena en el ba\u00fal de los enseres inservibles. Las abejas no se sab\u00eda c\u00f3mo hab\u00edan logrado sobrevivir en aquella tierra sin flores. Las abejas llenaron la habitaci\u00f3n donde yac\u00eda mi padre para cubrir de cera y miel sus ropas y su piel. Ellas tardaron varios d\u00edas en embalsamar el cuerpo. Pude ver c\u00f3mo su rostro se perd\u00eda entre la m\u00e1scara antis\u00e9ptica que las abejas preparaban, c\u00f3mo su camisa, sus viejos pantalones, sus zapatos de madera y hasta las s\u00e1banas de la cama en la que estaba tendido, tomaban poco a poco el color del cobre. Cuando el olor a polen lleg\u00f3 a impregnar todo el aire de la casa, las abejas simplemente se marcharon. Siguiendo su consejo, yo tambi\u00e9n hu\u00ed.    \nEse mismo d\u00eda regres\u00f3 la cig\u00fce\u00f1a con su pico de hojalata reci\u00e9n afilado y sacado brillo. Yo la maldec\u00ed, porque mi padre le hab\u00eda salvado la vida fabricando un pico de metal para ella y ella se hab\u00eda vengado de mi padre por derribar el \u00e1rbol donde anidaba, en cierta ocasi\u00f3n, quiz\u00e1, que no hab\u00eda m\u00e1s le\u00f1a que la del \u00e1rbol para fundir el metal. Le dije todo esto mientras caminaba, se lo repet\u00ed una y otra vez hasta que el orgullo hizo que ella desenfundara su pico y lo lanzara al suelo con excelsa vanidad.\nNo podr\u00e1s comer y morir\u00e1s de hambre, le dije entonces, mientras traspasaba el mundo hasta entonces visto, llena de venganza, preparada para la lucha cruel y desconocida que se avecinaba, m\u00e1s all\u00e1 de los escombros, las basuras, los deshechos y a\u00f1os sin fin.   \n\n\n\n<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono4.jpg\" align=\"right\" \/><br \/>\n<strong><em> JULIO FERN\u00c1NDEZ PEL\u00c1EZ<br \/>\n <\/em><\/strong><br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/la-venganza-por-julio-fernandez-pelaez\/\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-164","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuentos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/164","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=164"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/164\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=164"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=164"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=164"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}