{"id":153,"date":"2007-02-06T00:49:41","date_gmt":"2007-02-05T22:49:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=153"},"modified":"2007-02-07T12:50:46","modified_gmt":"2007-02-07T10:50:46","slug":"153","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/153\/","title":{"rendered":"IV. EL PALACIO CASTELLANO (2). Por Francisco Arsis Caerols"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\" https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/carvajal.jpg\" hspace=\"20\" alt=\"Mondello\"align=\"left\"\/><\/p>\n<p><strong>IV. EL PALACIO CASTELLANO <\/strong>(2)<\/p>\n<p>Gracias a Dios que el frac que hab\u00eda tomado prestado de mi querido amigo Vincent era m\u00e1s o menos de mi propia talla. No es que estuviese en muy buenas condiciones, pero para el caso pensaba que era m\u00e1s que suficiente. Me sorprendi\u00f3 ver reflejada mi propia figura en el espejo, con aquel porte tan distinguido en mi persona, y que jam\u00e1s antes hab\u00eda podido contemplar. No pod\u00eda sentirme menos satisfecho, y realmente estaba deseando que llegase de una vez el momento del inicio de aquella velada tan especial para m\u00ed.<\/p>\n<p>Al traspasar el muro que rodeaba aquel inmenso palacio, la emoci\u00f3n que sent\u00eda era tan grande que me resultaba imposible alcanzar un m\u00ednimo de serenidad. Las manos me temblaban, y una sensaci\u00f3n extra\u00f1a pero placentera a la vez invad\u00eda mi cuerpo a cada paso, el cual iba aumentando conforme observaba que la fulgurante entrada se hallaba cada vez m\u00e1s cerca. Y a\u00fan no hab\u00eda dejado de tocar el timbre, provisto de un delicado y caracter\u00edstico tintineo que endulzaba los o\u00eddos, cuando un anciano mayordomo vestido de etiqueta, de mirada altiva e imponente presencia, apareci\u00f3 ante m\u00ed pregunt\u00e1ndome a qui\u00e9n ten\u00eda el honor y deber de anunciar.<br \/>\n&#8211; Acomp\u00e1\u00f1eme, se\u00f1or De Vidal &#8211; dijo, con voz grave, tras anunciarle mi nombre -. La anfitriona, mi se\u00f1ora, y el resto de invitados, le est\u00e1n esperando.<br \/>\n\u00danicamente un t\u00edmido gesto de aprobaci\u00f3n con la cabeza fue todo lo que pude manifestar en aqu\u00e9l instante, y no era para menos. La ansiada velada no hab\u00eda hecho m\u00e1s que empezar\u2026<br \/>\nEl mayordomo me guiaba a trav\u00e9s del amplio vest\u00edbulo, y comenzando yo a observar tanta maravilla junta en apenas recorridos unos pocos metros, puse a trabajar mis cinco sentidos como nunca antes lo hab\u00eda hecho, para as\u00ed poder recordar m\u00e1s tarde, justo en el momento de sentarme frente a mi diario, todo lo vivido, visto y experimentado sin perder ni un solo detalle.<\/p>\n<p>\tUna chimenea labrada en piedra y ornada de blasones sosten\u00eda sobre sus hombros un admirable retablo cargado de siglos, tan antiguo que su sola presencia ya bastaba para mantener hipnotizado a cualquiera que penetrase en la estancia por vez primera, y a\u00fan puede que en sucesivas visitas, tal era el efecto que sin duda produc\u00eda en mi persona. Y s\u00f3lo despu\u00e9s de haber logrado sustraerme al encanto que desprend\u00eda, pude alcanzar a fijarme en el resto de curiosidades que adornaban el vest\u00edbulo. Columnas d\u00f3ricas perfectamente pulimentadas, elegantes tapicer\u00edas, cuadros de Zuloaga aqu\u00ed, del mism\u00edsimo Delacroix por all\u00e1, muebles de estilo renacentista\u2026 todo ello dando lugar a una composici\u00f3n genuina, a la altura de tan insigne palacio.<!--more--><\/p>\n<p>Justo en el lateral izquierdo, al lado de la atractiva chimenea, una escalera invitaba a subir a las dependencias superiores, resguardadas estas por una puerta lacrada a cal y canto. Sin embargo, abrirla fue, por parte del mayordomo, cuesti\u00f3n de segundos. Al traspasarla, la Sala Principal  apareci\u00f3 en todo su esplendor, iluminada como estaba toda la estancia. Lo primero que hice fue fijarme en un curioso atril que hab\u00eda dispuesto en un extremo, custodiando lo que parec\u00eda  ser parte de un texto antiguo repleto de estampas no menos arcaicas, y que me recordaban a los libros del medioevo, los cu\u00e1les ya hab\u00eda tenido ocasi\u00f3n de contemplar alguna que otra vez en la biblioteca de la Residencia de Estudiantes. All\u00ed, a sus espaldas, se hallaba un enorme mueble-estanter\u00eda repleto de libros, a cada cual m\u00e1s antiguo que el propio que reposaba en el vistoso atril. Hubiera pagado con gusto por entretenerme curioseando aquellos impactantes vol\u00famenes, pero, por desgracia, el mayordomo no se deten\u00eda en su carrera por trasladarme hasta el sal\u00f3n donde, casi con total seguridad, Alexia Carvajal y el resto de los invitados estar\u00edan ya esper\u00e1ndome. A\u00fan tuve ocasi\u00f3n de fijarme en el escudo her\u00e1ldico que pend\u00eda de una de las paredes, finamente estampadas y bordadas, el cual imagin\u00e9 que podr\u00eda pertenecer al apellido Carvajal, as\u00ed como el s\u00f3lido tablero castellano que, y de esto no me cab\u00eda la menor duda, deb\u00eda servir como plataforma para las t\u00edpicas tertulias de invierno, auxiliado como estaba por un m\u00e1s que vasto e irresistible brasero. Pero el recorrido hab\u00eda finalizado ya, y el mayordomo, lanzando con aplomo el nombre de este humilde servidor, me invit\u00f3 a entrar en el Sal\u00f3n Comedor justo despu\u00e9s de haber levantado el aterciopelado cortinaje que de \u00e9l me separaba. <\/p>\n<p>\tUna vez m\u00e1s, se repet\u00eda el estilo anterior en cada uno de los rincones del sal\u00f3n. La orlada chimenea, las bordadas paredes, un peque\u00f1o y antiqu\u00edsimo escritorio de madera, aunque eso s\u00ed, mezclado todo en esta ocasi\u00f3n con un gracioso toque neocl\u00e1sico, que lo constitu\u00eda el caracter\u00edstico cuadro de Madrazo, las sillas de terciopelo azul y la se\u00f1orial mesa dieciochesca. Pero apenas pude fijarme en nada m\u00e1s, pues al instante me sali\u00f3 al paso la propia Alexia Carvajal en todo su esplendor. Y puedo asegurar que, una vez m\u00e1s, logr\u00f3 sorprenderme con su belleza natural y la gracia de su vestimenta. Un precioso vestido de noche, de color azul p\u00e1lido, hac\u00eda lucir la desnudez de sus delicados brazos, coronados por sendos brazaletes de zafiros, a modo de manguitos, que no formaban sino una combinaci\u00f3n arrebatadora.<br \/>\n&#8211; Bienvenido, se\u00f1or De Vidal &#8211; dijo, nada m\u00e1s verme. Por favor, pase, no se detenga en la puerta.<br \/>\nPuedo asegurar, y sin que por ello deba sentirme avergonzado, que mis manos temblaban al recoger la que ella me ofrec\u00eda, como nunca antes me hab\u00eda sucedido. Mientras la besaba, sintiendo la suavidad de su carne en mis propios labios, mir\u00e1ndola directamente a los ojos, deseaba que aquella escena jam\u00e1s terminase. Ignoro el tiempo que pudo transcurrir, pero en verdad que a m\u00ed me pareci\u00f3 eterno. Sin embargo, a\u00fan as\u00ed regres\u00e9 por fin a la pura realidad, justo en el instante en que ella retiraba la mano y me dec\u00eda:<br \/>\n&#8211; Se\u00f1or De Vidal,  es todo un placer tenerle aqu\u00ed. Venga, le presentar\u00e9 al resto de invitados. Estoy convencida de que quedar\u00e1 usted gratamente sorprendido.<br \/>\nApenas pod\u00eda articular palabra, y no era para menos. Tanto tiempo esperando aquel ansiado momento, y todo parec\u00eda venirse abajo por culpa de un rid\u00edculo temor que paralizaba mi cuerpo de los pies a la cabeza.<br \/>\n&#8211; Claro\u2026 como no\u2026 -farfull\u00e9.<br \/>\n&#8211; Vea usted, le presento a la condesa de Castilleja, una de mis mejores amistades.<br \/>\n&#8211; Un\u2026 un honor para m\u00ed, se\u00f1ora -balbuc\u00ed de nuevo, mientras sent\u00eda crecer un desmesurado nerviosismo en mi persona.<br \/>\n-El honor es m\u00edo, se\u00f1or De Vidal &#8211; respondi\u00f3 aquella elegant\u00edsima se\u00f1ora -. La se\u00f1orita Carvajal me ha hablado muy bien de usted.<br \/>\n-Celebro que lo haya hecho. Es importante que se tenga buena opini\u00f3n de uno, \u00bfno le parece, condesa? &#8211; dije, comenzando a reencontrar la serenidad que cre\u00eda ya perdida, al saber que Alexia ya les hab\u00eda hablado sobre m\u00ed.<br \/>\n-Por supuesto, joven.<br \/>\n-Se\u00f1or de Vidal &#8211; dijo de nuevo Alexia, interrumpiendo el inicio de la conversaci\u00f3n -. Mire, este es el se\u00f1or Mata, ilustre novelista que goza de enorme \u00e9xito en nuestro pa\u00eds. \u00bfConoce usted la novela \u201cMas all\u00e1 del amor y la muerte\u201d?<br \/>\n-Pues\u2026 no tengo ese placer, pero habi\u00e9ndola nombrado y conocido a su autor, ser\u00eda un error no hacerlo.<br \/>\n-Le har\u00e9 llegar un ejemplar, se\u00f1or De Vidal. No olvide darme su direcci\u00f3n al t\u00e9rmino de la velada. Las amistades de la se\u00f1orita Alexia\u2026 son tambi\u00e9n mis amistades.<br \/>\n-Gracias, se\u00f1or Mata. Le prometo que leer\u00e9 su novela de cabo a rabo.<br \/>\nPoco a poco, Alexia fue present\u00e1ndome cada uno de los invitados, que sumaban la cifra de ocho comensales, hasta que lleg\u00f3 el momento de conocer al \u00faltimo de ellos, en esta ocasi\u00f3n otra mujer, la cual reconozco que estaba dotada de una belleza tan inmaculada como la de la propia anfitriona.<br \/>\n-Le presento a la se\u00f1orita Piquer, Conchita Piquer. Y puedo asegurarle, se\u00f1or De Vidal, que lleva el arte en las venas.<br \/>\n-\u00a1Oh, no exageres, Alexia! &#8211; dijo aquella morena de sin par salero -. No le haga caso, se\u00f1or. Lo dice siempre que tiene ocasi\u00f3n. Hay otras muchas artistas que s\u00ed llevan de verdad ese arte, como Argentinita o Pastora, por citar algunas.<br \/>\n-Crea usted que no -respondi\u00f3 nuestra anfitriona, mir\u00e1ndome tras fruncir el entrecejo -. Siempre dice lo mismo, pero lo cierto es que la culpa es de esta Espa\u00f1a nuestra, que no sabe ver m\u00e1s all\u00e1 de sus narices. La se\u00f1orita Piquer ha tenido que triunfar fuera, en Estados Unidos, para que aqu\u00ed en nuestro pa\u00eds sea por fin reconocida. D\u00edgame, \u00bfle suena esto de algo?<\/p>\n<p>(Continuar\u00e1)<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono5.jpg\" align=\"right\" \/><br \/>\n<strong><em>\u00a9 Francisco Arsis Caerols<br \/>\n <\/em><\/strong><br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>IV. EL PALACIO CASTELLANO (2) Gracias a Dios que el frac que hab\u00eda tomado prestado de mi querido amigo Vincent era m\u00e1s o menos de mi propia talla. No es que estuviese en muy buenas condiciones, pero para el caso pensaba que era m\u00e1s que suficiente. Me sorprendi\u00f3 ver reflejada mi propia figura en el espejo, con aquel porte tan distinguido en mi persona, y que jam\u00e1s antes hab\u00eda podido contemplar. No pod\u00eda sentirme menos satisfecho, y realmente estaba deseando que llegase de una vez el momento del inicio de aquella velada tan especial para m\u00ed. 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