{"id":1086,"date":"2009-05-06T00:21:48","date_gmt":"2009-05-05T22:21:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=1086"},"modified":"2009-05-10T11:13:55","modified_gmt":"2009-05-10T09:13:55","slug":"vuelos-cortos-por-salvatore-branchina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/vuelos-cortos-por-salvatore-branchina\/","title":{"rendered":"Vuelos cortos. Por Salvatore Branchina"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" hspace=\"20\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/martillo.jpg\" align=\"right\" border=\"0\"  \/><\/p>\n<p>Lo que quiero contar  es la historia  de un martillo de acero con mango recubierto de piel, llamado <em>Marti<\/em>.<br \/>\nSu due\u00f1o no pod\u00eda ser otro que Pedro, el carpintero del pueblo. El \u00fanico carpintero. El que se reun\u00eda en la \u00fanica taberna del pueblo y, all\u00ed con los amigos, contaba mil batallas que libr\u00f3 a lo largo de su vida blandiendo su fiel arma, contra miles de tablas de madera.<\/p>\n<p>Un d\u00eda contaba como su hijo le regal\u00f3 por sus cumplea\u00f1os uno de esos cinturones de piel que los carpinteros llevan a la cintura y que tiene una trabilla para el martillo y una peque\u00f1a bolsa para los clavos. Pedro lo llevaba siempre puesto, como si fuese un centuri\u00f3n de una legi\u00f3n romana. Creo que tuvo hasta un disgusto con su mujer, porque incluso quer\u00eda dormir con \u00e9l. Pero un d\u00eda, no se sabe c\u00f3mo, el cintur\u00f3n desapareci\u00f3. Menudo disgusto se llev\u00f3 Pedro, que tuvo que resignarse y volver al viejo sistema.<br \/>\nPero ya entrado en a\u00f1os lo primero que empez\u00f3 a fallarle fue la memoria y siempre le pasaba lo mismo. Cada vez que tenia que reparar el tejado de alg\u00fan cliente, despu\u00e9s de prepararlo todo y haberse subido hasta lo m\u00e1s alto, era cuando se daba cuenta que se hab\u00eda olvidado su preciosa herramienta. As\u00ed que, cuando por fin consegu\u00eda tenerlo todo, ya estaba agotado. Fue por eso que pens\u00f3 en darle soluci\u00f3n a este engorroso problema. Le hab\u00edan hablado de un hombre que viv\u00eda en el pueblo de al lado, que se dedicaba a ense\u00f1ar a volar a los martillos.<br \/>\nCualquiera se hubiera re\u00eddo del tema, cualquiera menos Pedro. Le pareci\u00f3 una idea excelente as\u00ed que, ni corto ni perezoso se encamin\u00f3 hacia el aer\u00f3dromo martillero.<br \/>\nAll\u00ed aguardaba un hombre muy peculiar y hasta divertido. Parec\u00eda sacado de esos cuentos de guerra, muy anticuado con gorro de piel y gafas de pl\u00e1stico y hasta ten\u00eda un peque\u00f1o avi\u00f3n, que m\u00e1s bien parec\u00eda una jaula para perros. Bueno, pues  all\u00ed dej\u00f3 al estudiante, y se encamin\u00f3 hacia su casa. <\/p>\n<p>Para nuestra herramienta, fue un entrenamiento muy duro, y no era para menos. Hab\u00eda nacido para enfrentarse a cualquier tipo de clavo, con su cabeza y no para imitar a los p\u00e1jaros. A punto estuvo de dejarlo. Cada vez que lo sub\u00edan al andamio de prueba y le pegaban la patada de rigor, su destino era siempre el mismo, de cabeza contra el suelo. As\u00ed un d\u00eda y otro.<br \/>\nCuatro meses tard\u00f3 en aprender los primeros movimientos, pero por fin consigui\u00f3 acabar el curso y conseguir el diploma. Entonces, para Pedro, llego el d\u00eda m\u00e1s feliz de su vida y fue a recogerlo, como el que va a recoger a su hijo el primer d\u00eda de cole y juntos se fueron hasta casa.<br \/>\nEstaba tan impaciente por probarlo que nada m\u00e1s amanecer se levant\u00f3 y se fue hacia su trabajo. Esta vez no se le olvid\u00f3 subir el martillo, sino que lo dej\u00f3 abajo a prop\u00f3sito y cuando subi\u00f3 el \u00faltimo pelda\u00f1o le llam\u00f3.<br \/>\nTal y como un reactor, el martillo arranc\u00f3 sus motores y despeg\u00f3 del suelo. Pedro, estaba preparado con la mano abierta, para agarrarlo, pero se qued\u00f3 de piedra cuando vio que se pasaba y que su mano se quedaba vac\u00eda.<br \/>\nMedia hora tard\u00f3 en aterrizar ya cansado de dar tantas vueltas. \u00a1Por fin Pedro pudo cogerlo!, y cuando lo tuvo en sus manos, lo mir\u00f3 y le dijo: \u201cTen\u00eda que haberte llevado a una escuela, en la que te ense\u00f1asen s\u00f3lo <strong>vuelos cortos<\/strong>\u201d.<br \/>\n<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono8.jpg\" align=\"right\" \/><\/p>\n<p><em><strong>Salvatore Branchina<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo que quiero contar es la historia de un martillo de acero con mango recubierto de piel, llamado Marti. Su due\u00f1o no pod\u00eda ser otro que Pedro, el carpintero del pueblo. El \u00fanico carpintero. 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