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{"id":10252,"date":"2012-05-29T00:00:28","date_gmt":"2012-05-28T22:00:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=10252"},"modified":"2012-05-28T21:28:54","modified_gmt":"2012-05-28T19:28:54","slug":"fortepiano-por-mar-solana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fortepiano-por-mar-solana\/","title":{"rendered":"Fortepiano. Por Mar Solana"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" style=\"margin-left: 10px; margin-right: 10px; border-width: 0px;\" title=\"Forte piano Serhiy Savchenko\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/forte-piano-serhiy-savchenko.jpg\" alt=\"Forte piano Serhiy Savchenko\" width=\"320\" height=\"220\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda que la muerte llovi\u00f3 del cielo, Mariana acariciaba algunos acordes de su fortepiano, lo \u00fanico que hasta ahora permanec\u00eda en pie, fuerte y suave, como un compa\u00f1ero fiel. Aquella ma\u00f1ana, muy temprano, avisaron del ataque de los p\u00e1jaros de acero, de las aves de hierro forjadas en el infierno, pero Mariana no quiso huir al refugio cuando las sirenas comenzaron a ulular con urgencia y desaliento. No, no lo iba a abandonar. Si \u00e9l ca\u00eda, ella tambi\u00e9n. El cielo se convirti\u00f3 en un manto de plomo y la tierra empez\u00f3 a temblar. Mariana lo cubri\u00f3 con la vieja y ra\u00edda manta, se hizo un sitio debajo del teclado y se acurruc\u00f3. No, no lo dejar\u00eda all\u00ed, al albur de un futuro que se derrumbaba. Hab\u00eda cuidado de ella como un hermano; record\u00f3 aquella tarde, no muy lejana\u2026 Dos soldados surgieron de la nada con los bajos instintos desatados, igual que\u00a0 animales en celo. Mariana, aterrorizada, se sent\u00f3 al fortepiano y sus teclas comenzaron a repiquetear <em>Mon grand amour est pr\u00e8s de.<\/em> Mientras ella llevaba el alma a cada unos de sus tr\u00e9mulos dedos, los soldados se alejaron de all\u00ed hipnotizados; uno de ellos lloraba sin consuelo y el otro se volv\u00eda a mirar al instrumento como si estuviera endemoniado.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tierra segu\u00eda temblando y, en la oscuridad de su peque\u00f1o refugio, Mariana pens\u00f3 que sus brazos eran los de su gran amor, la rodeaban para protegerla y por eso se prendi\u00f3 a s\u00ed misma a\u00fan con m\u00e1s fuerza. \u00bfY si todo era un mal sue\u00f1o? S\u00ed, quiz\u00e1s era eso, una inoportuna y densa pesadilla. Su hermano Julio levantar\u00eda la manta y la encontrar\u00eda all\u00ed, aterida, con la frente perlada por el terror de tanta destrucci\u00f3n. La mirar\u00eda con sus ojos de azabache y pondr\u00eda su mano entre las suyas, grandes y c\u00e1lidas; \u00abVamos, peque\u00f1a, no tengas miedo, el desayuno espera\u2026 Los malos sue\u00f1os son como la mantequilla, Mariana, se derriten con los primeros rayos del sol\u2026\u00bb<em>.<\/em> Pero hac\u00eda mucho tiempo que el sol no descollaba por tan pardusco horizonte. Abri\u00f3 los ojos, todo segu\u00eda oscuro y el temblor era cada vez m\u00e1s fuerte y cercano\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si aquello era una atroz visi\u00f3n, bajar\u00eda a desayunar y sentados a la mesa de haya estar\u00edan todos, esper\u00e1ndola. Su madre y su hermana Rosa no hab\u00edan desaparecido en la cola del almac\u00e9n donde a\u00fan se consegu\u00eda algo de comida. No, nadie las hab\u00eda secuestrado, violado y torturado porque estaban all\u00ed, sentadas a una mesa colmada de bollitos calientes, mantequilla y caf\u00e9. Le sonre\u00edan, impacientes por el hambre y nimbadas por la claridad del m\u00e1s espl\u00e9ndido d\u00eda de sol que Mariana recordaba. La mirada segura y azabache de su hermano Julio la invitaba a sentarse a la mesa, mientras retiraba su silla con la suavidad de un soplo de aire. \u00abPrincesa, he aqu\u00ed su trono\u00bb. Y todos prorrump\u00edan en estridentes carcajadas mientras su padre le dec\u00eda que era m\u00e1s cursi que una ni\u00f1a. \u00abT\u00fa no tienes alma de soldado, hijo\u2026\u00bb,<em> <\/em>profer\u00eda sin dejar de re\u00edr. S\u00ed, su padre y su hermano Julio tambi\u00e9n segu\u00edan all\u00ed, no se los hab\u00edan llevado a empellones, con las armas en ristre, para alistarlos a las filas de la muerte con car\u00e1cter urgente y obligatorio. Todo segu\u00eda igual, se despertar\u00eda y nada hab\u00eda cambiado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mariana sinti\u00f3 el impacto de algo grande muy cerca del fortepiano, se abraz\u00f3 con tal fuerza que hundi\u00f3 las u\u00f1as en su espalda, incluso a trav\u00e9s del grueso jersey de lana. No tem\u00eda a la muerte, s\u00f3lo le horrorizaba que todo acabara de golpe, sin m\u00e1s, sin haber conocido al gran amor de su vida; Mariana sab\u00eda que exist\u00eda, <em>Mon grand amour est pr\u00e8s de<\/em>, la fuerza de sus abrazos, la suavidad de sus besos\u2026 Tras un instante de oscuro y denso silencio que a Mariana le pareci\u00f3 una eternidad, abri\u00f3 los ojos; una mano peque\u00f1a con unos dedos luengos como ramas sosten\u00eda un extremo de la ra\u00edda manta. No era la mara\u00f1a de rizos casta\u00f1os de su hermano Julio, un pelo alborotado y sucio del color del trigo en agosto y unos enormes ojos miel la escrutaban con curiosidad. \u00ab\u00bfQui\u00e9n era el caballero que la rescataba esta vez de sus malos sue\u00f1os?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">?\u00bfEst\u00e1s bien??le interrog\u00f3 una voz melodiosa y viva, sonaba igual que su fortepiano. Una sonrisa de arco\u00edris le tend\u00eda la otra mano, delicada y de finos dedos de pianista. Mariana se agarr\u00f3 a ella como lo hac\u00eda con la de su hermano. Esos dedos gr\u00e1ciles le inyectaban ahora un agradable escalofr\u00edo que termin\u00f3 en un rubor incontenible&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">?S\u00ed, creo que s\u00ed\u2026 \u00bfY usted? \u00bfQui\u00e9n es usted??Mariana comprob\u00f3 con alegr\u00eda que su vetusto refugio de m\u00fasica, testigo inc\u00f3lume de varias generaciones, segu\u00eda en pie. Parec\u00eda estar todo en su sitio; sin embargo, percibi\u00f3 algo pl\u00fambeo en el ambiente de la estancia. Todo estaba te\u00f1ido de un gris azulado, met\u00e1lico, y de una terrible sensaci\u00f3n fr\u00eda. S\u00f3lo su instrumento, su extra\u00f1o salvador y ella parec\u00edan coronados por una luz intensa, por un halo que resaltaba sus colores de forma especial, distinto a todo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">?Perdone mis modales, <em>mademoiselle;<\/em> soy Eduardo Dreamen. Lucho en las\u00a0 primeras filas de intendencia a las \u00f3rdenes del general Vistela. Estaba en mi trinchera\u2026 Una fuerte explosi\u00f3n, la imagen de una hermosa criatura o de un \u00e1ngel, lo siguiente que recuerdo es a usted, un sol brillante y este extra\u00f1o lugar, fr\u00edo y gris, parecido a una cueva. C\u00f3mo se unen todas estas cosas es lo que no consigo recordar. \u00bfY usted?&#8230; disculpe mi indiscreci\u00f3n, \u00bfviv\u00eda aqu\u00ed?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">?Me llamo Mariana Fleaubert y\u2026 ya no s\u00e9 lo que es real, ni siquiera si \u00e9ste es mi hogar ?las \u00faltimas s\u00edlabas se quebraron como ramas secas y Mariana rompi\u00f3 en sollozos. \u00c9l se acerc\u00f3 y sin mediar palabra la abraz\u00f3 <em>fuerte<\/em> y <em>suave<\/em>, eran los acordes de un espacio sin tiempo. Ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que por fin hab\u00eda encontrado al \u00e1ngel de sus \u00faltimos recuerdos\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo lejos, muy distantes, llegaban sonidos de muy abajo o desde una frontera et\u00e9rea, fantasmag\u00f3rica, infranqueable, quiz\u00e1s inexistente; se escuchaban los ecos de explosiones inmisericordes, el silbido de las inevitables balas cruzando la sinraz\u00f3n de las l\u00edneas de la muerte y el ulular de las sirenas, siempre alertando de ese peligro que aguardaba agazapado en cualquier esquina. El aire arrastraba un olor rancio de humedad y sangre seca\u2026 Y aunque todas esas sensaciones quedaban muy atr\u00e1s, la densidad del aquel fr\u00edo lugar las segu\u00eda plasmando en los sentimientos como ecos de una melod\u00eda muy conocida. Mariana not\u00f3 una mano grande y tibia en su hombro, se separ\u00f3 del c\u00e1lido abrazo de su salvador y se volvi\u00f3. Su hermano Julio la cog\u00eda con dulzura por el talle: \u00abVen, hermanita, te est\u00e1bamos esperando. Vaya, parece que tendremos un invitado a la mesa\u2026\u00bb.<em> <\/em>Sin soltar la delicada mano del hombre que la hab\u00eda encontrado, vio a su madre, a su hermana Rosa y a su padre sentados alrededor de la fragante mesa de haya; colmada de bollitos calientes, mantequilla y caf\u00e9. Le sonre\u00edan, impacientes por su llegada y rodeados por una luz a\u00fan m\u00e1s resplandeciente que cualquier recuerdo. La mirada segura y azabache de Julio la invitaba a sentarse al fortepiano: \u00abPrincesa, del\u00e9itanos<em> <\/em>con <em>L&#8217;enfer, les morts vivants<\/em><em>\u2026 <\/em>ahora que ya sabes esos amargos acordes, los de all\u00e1 abajo\u00bb.<em> <\/em>Todos aplaudieron con entusiasmo y su padre se levant\u00f3, abraz\u00f3 a su hijo mayor y entre susurros juguetones le dijo: \u00abTienes alma de m\u00fasico, hijo, para toda la eternidad\u2026 S\u00f3lo el amor es capaz de ayudarnos a nacer a esta vida, la de verdad; tu hermana lo ha logrado gracias a este gentil caballero que la encontr\u00f3\u2026\u00bb.<em> <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin necesidad de rozar apenas las luminosas teclas de su fortepiano, Mariana comenz\u00f3 a moverse por ellas con una soltura inaudita; desconoc\u00eda esa pieza, sin embargo era como si la hubiera guardado siempre dentro de su memoria: \u00abLa muerte de los vivos, el despertar de los muertos\u2026 Tocan f\u00fanebres acordes que ignoran estar viviendo en el que creen su \u00fanico mundo\u2026 Ellos\u2026 en realidad\u2026 son los muertos\u00bb.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/BLOG\/\" target=\"_blank\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono9.jpg\" alt=\"\" align=\"right\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Mar Solana<\/strong><br \/>\n<a href=\"http:\/\/www.marsolana.blogspot.com\/\" target=\"_blank\">Blog de la autora<\/a><br \/>\n<em><span style=\"color: #888888;\">Cuadro:\u00bbForte piano de Serhiy Savchenko.<\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El d\u00eda que la muerte llovi\u00f3 del cielo, Mariana acariciaba algunos acordes de su fortepiano, lo \u00fanico que hasta ahora permanec\u00eda en pie, fuerte y suave, como un compa\u00f1ero fiel. Aquella ma\u00f1ana, muy temprano, avisaron del ataque de los p\u00e1jaros de acero, de las aves de hierro forjadas en el infierno, pero Mariana no quiso huir al refugio cuando las sirenas comenzaron a ulular con urgencia y desaliento. No, no lo iba a abandonar. Si \u00e9l ca\u00eda, ella tambi\u00e9n. El cielo se convirti\u00f3 en un manto de plomo y la tierra empez\u00f3 a temblar. Mariana lo cubri\u00f3 con la vieja&#8230; <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fortepiano-por-mar-solana\/\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[22],"tags":[],"class_list":["post-10252","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10252","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10252"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10252\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10252"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10252"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10252"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}