{"id":10119,"date":"2012-04-24T00:00:33","date_gmt":"2012-04-23T22:00:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=10119"},"modified":"2012-04-23T23:06:44","modified_gmt":"2012-04-23T21:06:44","slug":"la-senora-de-la-perrita-por-manuel-de-magina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/la-senora-de-la-perrita-por-manuel-de-magina\/","title":{"rendered":"La Se\u00f1ora de la Perrita. Por Manuel de M\u00e1gina"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft\" style=\"margin-left: 10px; margin-right: 10px; border: 0px;\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/Gina-Magina.jpg\" alt=\"\" \/><br \/>\n<em>A Antonina y Paqui<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda un efecto extra\u00f1o en la luz de Gardo. Lo hab\u00eda notado nada m\u00e1s salir por la ma\u00f1ana. Hac\u00eda que las cosas se vieran con una nitidez desacostumbrada, como si estuvieran muy limpias. Sab\u00eda, por la experiencia de los a\u00f1os, que las cosas no eran as\u00ed. Gardo no era una ciudad m\u00e1s sucia o contaminada que las dem\u00e1s pero tampoco m\u00e1s limpia y, mucho menos, limpia hasta el extremo de que las cosas se vieran con aquella nitidez. Se sorprendi\u00f3 de ello nada m\u00e1s salir a la calle, en el gesto de soltar la puerta a sus espaldas con una mano y sujetar a Gina con la otra, al poner la primera mirada. El rojo del escaparate de enfrente era rojo. El verde de las plantas era verde, el gris del asfalto era gris, el azul del cielo era intensamente azul y el caqui de los sem\u00e1foros, caqui. Se qued\u00f3 pasmada un rato, mirando c\u00f3mo la gente pasaba sin advertir el cambio, o, al menos, sin dar importancia al fen\u00f3meno, aunque a ellos mismos tambi\u00e9n se les viera de un modo diferente. Todas las personas bien vestidas, pulcras, radiantes. Les hubiera gritado que si no se daban cuenta, pero qui\u00e9n era ella para gritarles. Dej\u00f3 a Gina en el suelo y la perrita ech\u00f3 a andar, su pelo del color de la leche, sus pasos cortos y r\u00e1pidos; y ella, que sujetaba la anilla de su correa extensible, camin\u00f3 detr\u00e1s, mirando a su alrededor, con sorpresa y a la vez con suspicacia. No sab\u00eda a qu\u00e9 obedec\u00eda aquel cambio, s\u00f3lo sab\u00eda que no le gustaba. Demasiada luz \u2013hiriente-, y se cal\u00f3 las gafas de sol. Demasiada presencia, claridad, inmediatez de las cosas. Se pregunt\u00f3 por qu\u00e9 habr\u00eda sucedido aquello, qu\u00e9 lo habr\u00eda originado. \u00bfEra una circunstancia excepcional motivada por el cambio clim\u00e1tico? Seguramente, no pod\u00eda ser otra cosa. Cualquier rareza ha dejado de ser extraordinaria. Se han roto todos los ciclos. La naturaleza est\u00e1 loca; la hemos hecho enloquecer y es ahora imprevisible. Pero no por haberse dado una explicaci\u00f3n se sinti\u00f3 m\u00e1s c\u00f3moda, sino todo lo contrario. La pureza de los colores, la nitidez de los contornos, la inquietaba; era excesiva. Esta visi\u00f3n nueva puede que fuera incluso agradable para todas esas personas con las que se iba cruzando, pero no para ella. Ella era&#8230; No&#8230;, no era nada. No era nada y le daban asco los colores. Por eso los hab\u00eda desechado hacia tiempo y s\u00f3lo se vest\u00eda con aquel vestido negro. El mismo siempre. Lo lavaba y se lo volv\u00eda a poner una y otra vez. No. No le gustaba nada aquel cambio. Detestaba los cambios, lo imprevisto. Lo sent\u00eda como una premonici\u00f3n de que algo, desconocido y doloroso, estaba presto a suceder. Y le daba angustia pensarlo, ganas de vomitar. Si no hubiera sido por Gina, hubiera vuelto a su casa y se hubiera ahorrado el disgusto de andar esa ma\u00f1ana por la ciudad, con aquel cambio en el ambiente tan repentino y desagradable. Si no fuera porque ella, pobrecita, necesitaba esa medicaci\u00f3n para contener su terrible enfermedad. Terrible. Tan terrible que sabe que esta ma\u00f1ana su due\u00f1a la lleva a proveerse del medicamento, y conoce el camino, y parece que va tras el rastro del fenobarbital como otros de su especie van tras el rastro de una presa. Su due\u00f1a no, su amiga, su amiga del alma. No solo su amiga, su hermana. Su hermana mayor. \u00a1Pobrecita, golpeada por la enfermedad! Cuando est\u00e1n a solas la perrita la mira con sus ojos melanc\u00f3licos y le ladra con ternura. Tienen conversaciones largas en las que hablan de s\u00ed mismas, de sus preocupaciones. Gina est\u00e1 a menudo triste y encuentra consuelo en sus palabras, en su cari\u00f1o.<!--more--><br \/>\nTuvo que dejarla en la puerta pero no la at\u00f3 a ninguna barandilla, a ning\u00fan arbusto decorativo, ni se la confi\u00f3 a nadie. La dej\u00f3 all\u00ed, en la acera, enroscada en s\u00ed misma. Qu\u00e9date aqu\u00ed, cari\u00f1o, vuelvo enseguida. No te muevas. Subi\u00f3 las escaleras y atraves\u00f3 el vest\u00edbulo. Camin\u00f3 a lo largo del pasillo hasta que lleg\u00f3 a la puerta en la que se le\u00eda Dr. Ram\u00edrez. No hab\u00eda pedido n\u00famero. Llam\u00f3 a la puerta. No contest\u00f3 nadie. Pas\u00f3 una sanitaria y se lo dijo. El Dr. Ram\u00edrez no ha pasado consulta hoy. No ha venido. Si necesita algo vaya a la consulta de la Dra. Vital. Es ella qui\u00e9n est\u00e1 atendiendo a sus pacientes. \u00bfDoctora Vital? \u00bfNo est\u00e1 el doctor Ram\u00edrez? \u00bfQu\u00e9 ha pasado hoy en el mundo? \u00bfQui\u00e9n es esa doctora Vital? \u00bfUna mujer? \u00bfY por qu\u00e9 se llama as\u00ed? Eran demasiados cambios, demasiados imprevistos. Los contornos, los colores, y ahora esto. Se hubiera ido de all\u00ed deprisa. Si no fuera por Gina. Estaba angustiada pero lo iba a hacer por ella. Busc\u00f3 la puerta en la que se le\u00eda Dra. Vital. Llam\u00f3. \u00a1Adelante! Y pas\u00f3 con la cabeza gacha. Si\u00e9ntese, por favor. Se levant\u00f3 las gafas de sol, las apart\u00f3 hacia un lado y permiti\u00f3 por un instante que la Dra. Vital la mirara a los ojos. Y aquella mirada abri\u00f3 una peque\u00f1a grieta en su muro. Disculpe que haya venido sin pedir n\u00famero. S\u00f3lo quiero unas recetas. Tengo una perrita epil\u00e9ptica y necesito el medicamento para ella. El Dr. Ram\u00edrez me lo viene facilitando&#8230; Ya, entiendo. Y tambi\u00e9n un ansiol\u00edtico para m\u00ed, \u00faltimamente me encuentro peor de los nervios. Muy bien, de acuerdo. Y la Dra. Vital no a\u00f1adi\u00f3 nada m\u00e1s. La volvi\u00f3 a mirar. Y la sigui\u00f3 mirando como nadie la hab\u00eda mirado en mucho tiempo: queriendo ver, penetrando dentro de ella. No como era habitual que la miraran las personas con las que conviv\u00eda: cerrando los ojos a su interior. Aquella forma de mirar le record\u00f3 algo. Un amor perdido hac\u00eda mucho tiempo, un amor grande: el amor de sus padres. \u00bfQui\u00e9n era aquel ser capaz de mirar as\u00ed? \u00bfDe d\u00f3nde hab\u00eda venido? \u00bfC\u00f3mo era posible que la estuviera examinado de aquella manera? Y no pudo evitar que entrara hasta el fondo de su alma, y sentir como si hubiera entrado en ella una batidora; y batiera el lodo, la nube de esmog, que la contaminaba. Y que, de la amargura, estuviera a punto de echar por la boca todas sus v\u00edsceras. Y que los nervios se apoderaran de su cuerpo y le hicieran temblar. Cogi\u00f3 las gafas de sol. S\u00ed, puedes pon\u00e9rtelas, por m\u00ed no hay inconveniente. Puedes contarme tambi\u00e9n lo que quieras, lo que te aflige. No me importar\u00eda cont\u00e1rselo, pero s\u00f3lo si me promete que no saldr\u00e1 de aqu\u00ed. No saldr\u00e1. \u00bfMe lo asegura? Por supuesto que s\u00ed. Dud\u00f3 unos segundos antes de dejar caer, por primera vez, ese pesad\u00edsimo plomo: mi marido me pega. Dos l\u00e1grimas comenzaron a desfilar por debajo de las gafas de sol. Y despu\u00e9s otras, m\u00e1s deprisa. Y despu\u00e9s muchas, una tras la otra, atropell\u00e1ndose unas a otras, formando un torrente, a medida que hablaba. Se arrepinti\u00f3 al instante de haberse abierto de aquel modo con una desconocida, pero ya no hab\u00eda remedio.<br \/>\nCuando sali\u00f3, las casas, las ventanas y sus puertas, eran cubos de color a punto de derramarse. Sus contornos como filos de navaja. El cielo aplastar\u00eda si acumulaba una gota m\u00e1s de azul. Su carne sangraba por cada poro el rojo m\u00e1s intenso que jam\u00e1s pudo verse. Gina no estaba en su sitio y todo termin\u00f3 por desatarse. La consciencia hab\u00eda roto su presa, y sus torrentes anegaban el asfalto. Pero todo aquel desajuste no era m\u00e1s que ella. Ella, vista dolorosamente por s\u00ed misma.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/BLOG\/\" target=\"_blank\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono6.jpg\" alt=\"\" align=\"right\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0Manuel de M\u00e1gina<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Antonina y Paqui Hab\u00eda un efecto extra\u00f1o en la luz de Gardo. Lo hab\u00eda notado nada m\u00e1s salir por la ma\u00f1ana. Hac\u00eda que las cosas se vieran con una nitidez desacostumbrada, como si estuvieran muy limpias. Sab\u00eda, por la experiencia de los a\u00f1os, que las cosas no eran as\u00ed. Gardo no era una ciudad m\u00e1s sucia o contaminada que las dem\u00e1s pero tampoco m\u00e1s limpia y, mucho menos, limpia hasta el extremo de que las cosas se vieran con aquella nitidez. Se sorprendi\u00f3 de ello nada m\u00e1s salir a la calle, en el gesto de soltar la puerta a&#8230; <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/la-senora-de-la-perrita-por-manuel-de-magina\/\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[22],"tags":[],"class_list":["post-10119","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10119","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10119"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10119\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10119"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10119"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10119"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}