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{"id":10044,"date":"2012-04-02T12:00:21","date_gmt":"2012-04-02T10:00:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/?p=10044"},"modified":"2012-04-01T11:27:41","modified_gmt":"2012-04-01T09:27:41","slug":"la-llave-premonitoria-de-kharkov-por-jose-fernandez-belmonte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/la-llave-premonitoria-de-kharkov-por-jose-fernandez-belmonte\/","title":{"rendered":"La llave premonitoria de Kharkov. Por Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez Belmonte"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft\" style=\"margin-right: 10px; border: 0px;\" src=\"https:\/\/canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/llave-j-Belmonte.jpg\" alt=\"\" border=\"0\" \/>Dorm\u00eda, pl\u00e1cidamente, bajo un edred\u00f3n que ol\u00eda a nuevo, en aquel apartamento ucraniano despu\u00e9s de una paliza de tren de m\u00e1s de seis horas, que es lo que tarda el recorrido desde Kiev hasta la ciudad de Kharkov. Ese tren es conocido como el Expresso de Kharkov y el billete cuesta menos de diez euros. Como iba diciendo, yo roncaba a pata suelta, necesitado de descanso y calor, cuando en lo mejor del asunto escuch\u00e9 un fuerte golpe met\u00e1lico proveniente del balc\u00f3n.<\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">Me despert\u00e9, s\u00fabitamente, como si el mundo se acabara por un ataque alien\u00edgena o de rubias ucranianas, que en ese momento de desconcierto, y haber tenido opci\u00f3n a elegir, hubiese preferido sucumbir bajo el ataque de las rubias -aunque fueran de bote- que en manos de unos adefesios mocosos y f\u00e9tidos de color verde esmeralda.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Ni una cosa ni otra. Corr\u00ed la cortina, sobresaltado, sin encontrar a nada ni a nadie en aquel diminuto balc\u00f3n. Ni una maceta con geranios, ni un bicho verdoso, ni una rubia despampanante, ni Pap\u00e1 Noel que se hubiese equivocado de fecha.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Muy confundido corr\u00ed de nuevo la cortina buscando evitar la claridad que entraba de la calle e intent\u00e9 recobrar el sue\u00f1o y el calor perdido.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Me molest\u00f3 el tic-tac incansable de un reloj de pared que curiosamente marcaba la hora de Mosc\u00fa y de Nueva York. Me pregunt\u00e9: \u00bfPara qu\u00e9 querr\u00edan saber los due\u00f1os de ese apartamento la hora que hay en esas dos ciudades al mismo tiempo? \u00bfAcaso ser\u00e1n antiguos esp\u00edas del KGB?<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Decid\u00ed, para evitar el ruidoso tic-tac, descolgar el reloj y guardarlo en el armario ropero con espejos que hab\u00eda frente a la cama. Mientras, ca\u00ed en la cuenta que Artur dorm\u00eda en la habitaci\u00f3n de al lado y ni se hab\u00eda inmutado, lo que me hizo pensar que aquel estruendo met\u00e1lico, que casi me provoca un infarto, hab\u00eda sido s\u00f3lo fruto de una terrible pesadilla.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">A la ma\u00f1ana siguiente me despert\u00f3, a la lim\u00f3n, el odioso sonido del despertador de mi BlackBerry, y el traj\u00edn que Artur produc\u00eda haciendo g\u00e1rgaras en el ba\u00f1o. Me levant\u00e9 y corr\u00ed la cortina para favorecer la entrada al cuarto de luz natural y me qued\u00e9 congelado, no por el hecho de que hiciese cuatro grados bajo cero, tras aquel cristal, no. No fue ese el motivo de mi soponcio ma\u00f1anero. Lo que me dej\u00f3 petrificado como un f\u00f3sil del jur\u00e1sico inferior fue el encontrar una enorme llave de hierro sobre un felpudo de goma en aquel balc\u00f3n.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Tan s\u00f3lo ataviado con una camiseta de dormir y un braslip abr\u00ed la puerta que me separaba de Siberia y de aquella enigm\u00e1tica llave. Tonto de m\u00ed, intent\u00e9 coger la oxidada herramienta con una mano y casi se me qued\u00f3 pegada en ella. Lo intent\u00e9 de nuevo con ambas manos, soportando estoicamente su glaciar temperatura, de tal modo que, pude calcular, no s\u00e9 para qu\u00e9, que aquella herramienta de la \u00e9poca comunista deb\u00eda de pesar, por lo menos, tres o cuatro kilos.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Con ella en las manos, como si llevara una brasa ardiente, me dirig\u00ed al cuarto de ba\u00f1o, justo en el preciso momento en el que Artur abr\u00eda la puerta. El grito que peg\u00f3 fue impresionante. Yo me asust\u00e9 tanto como \u00e9l y la llave me cay\u00f3 sobre un pie, por lo que solt\u00e9 otro alarido que entraba en competencia directa con el que Artur acababa de emitir.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">&#8211; \u00a1Hostias, Pepe, que susto me has pegado! pens\u00e9 que me ibas a atizar con la llave -dijo Artur.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">-\u00bfT\u00fa viste anoche esta llave en la terraza? -le pregunt\u00e9 a mi compa\u00f1ero polaco.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">-Jurar\u00eda que tan s\u00f3lo hab\u00eda un felpudo de color gris -respondi\u00f3 Artur.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">-Pues yo creo que esta llave cay\u00f3 anoche sobre el balc\u00f3n. Me despert\u00f3 el ruidazo tremendo que provoc\u00f3 al caer. Creo que eran las cuatro de la madrugada, ya que, al levantarme, aprovech\u00e9 para quitar el reloj de la pared que me estaba amargando la noche con su dichoso tic-tac y lo met\u00ed en el armario.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">-Pepe, yo creo que eso es imposible, estamos en el quinto y \u00faltimo piso. Debes de haberlo so\u00f1ado. Date prisa, si quieres desayunar, que se nos hace tarde para la primera visita.<!--more--><br \/>\nDurante todo el d\u00eda, visita tras visita y reuni\u00f3n tras reuni\u00f3n, no pude dejar de acordarme de aquel fen\u00f3meno paranormal. Aquella herc\u00falea y oxidada herramienta se hab\u00eda apoderado de mi subconsciente como un algoritmo en bucle o como una rueda de churros infinita de la que no tuvieras forma de comerte la porra.<br \/>\nYa de regreso al apartamento de Kiev, cuya escalera se asemeja a boca de lobo, pese a estar el edificio a la espalda de un concesionario de coches de lujo y el m\u00e1s prestigioso puticlub de la ciudad, Artur se tom\u00f3 un t\u00e9 antes de irse a la cama y yo degust\u00e9 un rico y refrescante k\u00e9fir que siempre le hace bien a mi delicado aparato digestivo y me ayuda a dormir mejor.<br \/>\nEl n\u00f3rdico me cobijaba aport\u00e1ndome la tranquilidad necesaria para agarrar un pl\u00e1cido sue\u00f1o. Y as\u00ed fue. Dorm\u00ed y dorm\u00ed como un angelito hasta que, de entre unas nubes blancas, apareci\u00f3 Mariano Rajoy sentado en un gran trono. Observ\u00e9 c\u00f3mo varios arc\u00e1ngeles se acercaban a \u00e9l para entregarle una gran llave que tra\u00edan sobre un coj\u00edn de terciopelo de color rojo chill\u00f3n. Rajoy, con la sonrisa c\u00e1ustica que le caracteriza y sacando su lengua d\u00edscola como siempre que se pone de los nervios, cogi\u00f3 con sus dos manos la llave de Kharkov y la alz\u00f3 mostr\u00e1ndola a un mont\u00f3n de \u00e1ngeles, arc\u00e1ngeles, santos, y monaguillos de m\u00e1s humilde condici\u00f3n, a lo que estos respondieron enarbolando banderas de Espa\u00f1a con la silueta de un toro de Osborne y poniendo, a todo volumen, la conocida melod\u00eda del Waka Waka de la escultural y satisfecha Shakira.<br \/>\nA la ma\u00f1ana siguiente, por razones que podr\u00e1n entender mis lectores, no le dije ni media a Artur.<br \/>\nDos d\u00edas despu\u00e9s de estos extra\u00f1os acontecimientos, Mariano Rajoy, al tercer intento, gan\u00f3 las elecciones generales en Espa\u00f1a.<\/p>\n<div>\u00a0<\/div>\n<p>Ahora que por fin tiene la llave, esperemos, por el bien de todos, que sepa c\u00f3mo usarla.<\/p>\n<\/div>\n<p><a href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/BLOG\/\" target=\"_blank\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/BLOG\/fotos\/mono6.jpg\" alt=\"\" align=\"right\" \/><\/a><br \/>\n<strong>Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez Belmonte<\/strong><br \/>\n<a href=\"http:\/\/jfbmurcia-mividaenfotos.blogspot.com.es\/2011\/11\/la-llave-premonitoria-de-kharkov.html\" target=\"_blank\">Blog del autor<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dorm\u00eda, pl\u00e1cidamente, bajo un edred\u00f3n que ol\u00eda a nuevo, en aquel apartamento ucraniano despu\u00e9s de una paliza de tren de m\u00e1s de seis horas, que es lo que tarda el recorrido desde Kiev hasta la ciudad de Kharkov. Ese tren es conocido como el Expresso de Kharkov y el billete cuesta menos de diez euros. Como iba diciendo, yo roncaba a pata suelta, necesitado de descanso y calor, cuando en lo mejor del asunto escuch\u00e9 un fuerte golpe met\u00e1lico proveniente del balc\u00f3n. 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