La muñeca obstinada. Por NINA


Háblame: te digo que me hables”. Nada: continuaba impasible, intentando engañarme, y mi enfado creció de tal manera al no obtener respuesta, que comencé a zarandearla con saña, cada vez más rabiosa. La cólera apenas me dejaba respirar, y creció mucho más cuando el sonido de su tripa acabó pareciéndose a una insufrible y despectiva carcajada. Desquiciada, la sacudí con violencia hasta romperla. Sus brazos y sus piernas quedaron apenas suspendidos de unas tiras de goma parduscas y arrugadas, y yo me apresuré a esconderla debajo de la cama.

No recuerdo que nadie preguntara cómo se había roto, y nadie me riñó, pero, mucho después, comprendí que el hecho de atribuirle cualidades humanas, de reconocerle sentimientos, inteligencia, y voluntad; la certeza de que poseía el don del pensamiento, me convierte… sí… yo estaba entonces en el parvulario. Lo confieso: soy la asesina más joven de la Historia.

Nina

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3 comentarios

  1. Me ha gustado mucho, sobre todo porque deja claro como la mente puede montarse solita su propia bronca con resultados desastrosos.
    En este caso era una mu

  2. Muchas gracias: me encanta que os haya gustado.

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