
Jane Austen representa un referente insoslayable dentro del canon de literatura universal. Sus relatos se inscriben en la primera corriente de escritores románticos ingleses. Dos rasgos, entre otros, subrayan su importancia. En primer lugar, se adelanta a su época (1775 -1817 –época georgiana y, posteriormente, victoriana), anunciando el realismo que se consolidará recién en el siglo próximo. Por otro lado, y tal vez sea lo que la haya consagrado y permitido consolidar su público lector: el tratamiento centralizado que lleva a cabo de la figura de la mujer, quien ocupa un primer plano en sus historias. Con el correr del siglo XX, varios aspectos de los enjuiciados en sus novelas verán la luz nuevamente de modo colectivo.
La novela Orgullo y prejuicio (llevada al circuito del cine mainstream) se edita en el año 1813. Su temática principal mantiene relación con las condiciones sociales y privadas del contrato matrimonial.
Austen cuestiona los alcances de la novela sentimental desde su propia producción, desde la parodia. Si bien es notable la influencia de la novelista Fanny Burney (autora de Cecilia y Evelina), la autora se adscribe en esa línea con afán paródico; con el propósito de socavar ese lugar silenciado que ocupa la figura femenina en el discurso y sociedad de la época, desde el universo textual. Austen pone en crisis dicho marco dando independencia a la mujer. Orgullo y Prejuicio parodia la novela sentimental sin alejarse del género.
Como se ha mencionado líneas arriba, el tema principal de la novela es el matrimonio. A pesar de que el texto no hace uso de un registro histórico, el tratamiento que se efectúa nos permite advertir numerosos rasgos de historicidad en la construcción textual. Ya en la primera página, la relación matrimonial es puesta en primera plana; sin embargo, le siguen ciertos aspectos de importancia no menor en su contexto: la posición económica, en relación con los problemas de propiedad y herencia y de prestigio social, status. El dinero y los principios morales de cada uno serán el motor del conflicto, de lo trágico.
Austen construye un cuadro histórico (que escapa a sus propósitos) sumamente verosímil; de ahí, que ingresemos sin obstáculos a escenas casi costumbristas, de un realismo perfecto. La trama resulta casi exigida dentro un perfecto sistema social, con personajes tipificados al extremo y donde ningún engranaje puede salirse de su maquinaria. La maestría consiste en conjugar dos vertientes aparentemente antagónicas: sin abandonar la perspectiva de la objetividad consigue bucear dentro de lo subjetivo.
La novela comienza con un enunciado categórico, universal y objetivo. Los personajes llegan al lector a partir de sus parlamentos acerca de ellos mismos y del resto. El movimiento de la trama argumental se inicia con la llegada de un hombre sumamente adinerado quien será el más codiciado y del que tendremos una presentación indirecta, doble y enfrentada. Es notable el virtuosismo de nuestra escritora a la hora de captar las distintas perspectivas en los diferentes juicios que se manifiestan: en este caso, las hijas (quienes pretenden a este joven), la madre y el padre.
Cabe destacar que el “punto de vista” no constituía un procedimiento usual en la época en la que este texto se inscribe. Y es, precisamente, este recurso el que contribuye a crear verosimilitud y objetividad, lo que, a su vez, fortifica el pacto con el lector. La autora incorpora, de igual modo y con la misma persistencia, artificios tanto de la prosa clásica como teatrales. La obra se presenta heterogénea: conviven los elementos fundamentales de la novelística junto con el género epistolar, numerosos y extensos diálogos y relatos enmarcados. Los conflictos originados en la esfera de la vida privada ponen al descubierto las bases sobre las que se construye la sociedad del momento. Todo en el relato gira en torno a distintas dicotomías (un buen ejemplo es el título). Además, la pareja de protagonistas funciona como eje para las historias restantes.
El matrimonio también se da desde una doble perspectiva: el interior, lo individual, y el aspecto exterior, las condiciones sociales “objetivas” de la sociedad inglesa de fines del siglo XVIII y comienzo del XIX. La unión de los elementos constitutivos, el orgullo y el prejuicio, y su abolición instaura el equilibrio sobre el desenlace de la historia. Se depone el orgullo y se destruyen los prejuicios.
Jane Austen logra, mediante la funcionalidad de la pareja clave y central, dar cuenta tanto de su contexto social, al que enjuicia, como de la puesta en crisis de su escritura. En primera instancia, el espacio asignado a la mujer en el texto (lo argumental, básicamente y su consolidación como personaje autónomo) y, en segunda instancia, su lugar como novelista dentro del canon literario.


Muy interesante rese
Brillante. MUY buen an