Los últimos estertores de la noche agonizan en la brisa y una luz inesperada sorprende al cielo en su desnudez mientras el sol va pintando gotas al rocío y el paisaje renueva sin pausa sus tonos…
Un torbellino de vencejos desvela el silencio de la hora y lejanos alimoches prestan sus blancos a la altura, mas de improviso, todo se incendia de amapolas y cientos de botones de oro se esparcen por los prados.
Poco a poco, los minutos despiertan mil aromas dormidos y el campo se recrea en sus notas de frescor mientras los más altos tilos desperezan al viento insinuado y la hierba relame sin pudor sus jugos…
El aire se llena de fragancias del saúco y el día se encamina hacia su verde plenitud cuando surge la voz del cuco de las entrañas del bosque y la mirada verdea sin remedio sus iris.
Por fin, el mediodía se extasía en sus azules y la tierra esboza un guiño sensual
Consagración del verde en tus ojos…
Germán Gorraiz López

