El pianista. Por Federico Manuel

? François Bacculard era un tipo refinado, culto a pesar de su origen humilde. Con mucho esfuerzo había conseguido completar los estudios de piano, y ahora que la prestigiosa Real Academia de música de París acreditaba su condición de maestro, suponía que encontraría trabajo sin dificultad. Tal vez podría conseguir sustento bajo la protección de un rico burgués, en una de esas familias repentinamente favorecidas. Porque no dejan de ser plebeyos que esconden, tras gruesos muros, a jovencitas que necesitan con urgencia formación en habilidades sociales, para que puedan permanecer con éxito en sociedad y, por añadidura, disfrutar de sus… Leer más

Soneto argento. Por Marcelo Galliano

Era de plata pura la luna que asomaba y en tu cuerpo de plata se dejaba caer, y así como de plata nuestra noche empezaba, como en vaso de plata yo te ansiaba beber. Algún metal del cielo tal vez desafinaba y la lluvia sangraba con falsa melodía, pero cual plata urgente yo en ti me derramaba y no existía más música que la tuya y la mía. Luego el gesto cansino de fatiga cansada daba paso a la bella tan plateada alborada y tu boca de plata suspiraba por mí. ¡De plata fue ese tiempo que te tuve en… Leer más

Padres, hijos y primates. Por Brisne

? «Conocer lo que él interpretaba como opiniones privadas del profesor, y por tanto puntos débiles, le permitió mostrar mayor aplomo en las clases. Ya no agachaba la cab eza cuando la mirada del profesor se miraba cruzaba con la suya. Le gustaba pensar que éste se daba cuenta de lo sucedido, y de que por ello le tenía en especial consideración» En Padres, hijos y primates, Jon Bilbao nos habla de relaciones humanas. De un tipo Joanes, de su vida, que podría bien ser la de cualquiera de nosotros. De un suegro alfa acaparador, donante de la pasta que… Leer más

Lo envidiaba tanto que decidí amarlo. Por Mónica López Bordón

Atravieso las llamas de tu blanco, hacedor de tanto amor en versos sostenidos en tu vacío, tan bello…tan lleno de metáforas anticipando la vida. Quise tenerte siempre para mí: la próxima palabra, el próximo verso… Tanto te envidiaba que hundí mis manos en tus hojas y decidí amarte, solemne, precisando el fuego de tu amor. En mi piel, siempre viva, afilo las fábulas de tu gran patria, bailo y digo el mapa de tus letras, mírame, reconóceme enredada en las sílabas, ámame con los ojos de viento, labios entregados al poema, siempre al galope de un beso largo que se… Leer más

El mar. Por Juan A Galisteo Luque

?   El mar inmenso sucumbe y pierde su vista altiva a través del horizonte. Pétalo en flor, que brotando das a esta tierra ese fruto, que la sacia, llenándola de humedad, para limpiar su maldad, su desgracia. Enorme mar, donde cruzan orgullosos navegantes; son los sutiles semblantes y bravuras de sus gentes. Sabes que yo me alejé y que ella me ha esperado, tú lo sabes viejo mar, porque siempre me has robado las lágrimas de los ojos más de una vez. Verde mar, donde la aurora refleja entre mis pupilas el surco del horizonte que muere en la… Leer más

Industria. Por Marisol Oviaño

????? El otro día dimos un paseo por la margen derecha. A nuestra izquierda quedaban las grúas del puerto, símbolo de la industrialización que durante mucho tiempo fue la enseña de Vizcaya. Hace años, cuando era una joven despreocupada, aquel paisaje me parecía una postal fea y triste. Pero ahora, cuando mi país está al borde de la quiebra, encuentro la estética del puerto sumamente hermosa. Las grúas hablan de industrialización, de hombres que producen cosas, de hombres que trabajan para sacar a sus familias adelante, de hombres que venden lo que producen, de hombres que pilotan barcos para llevar… Leer más

adolescencia (¿latuya?) Por Yolanda Sáenz de Tejada

Cuando le hice este poema a mi hija, no llegaba a los once años pero yo adivinaba lo que sentiría (o revivía lo que yo sentí). Y hoy, en un lunes sin sol, quiero dedicaros este poema a todos vosotros, con la esperanza de que, en este blog, recordéis la pasión de la adolescencia. Así estaremos más cerca del corazón y del cerebro de nuestros hijos (y de nuestros sueños). Aunque cueste. . A Isabel, que aún me deja cogerla entre mis brazos. . Ha bajado lánguidamente las escaleras del patio. Trae sus ojos rizados entre las manos. Abiertos como… Leer más