La casa abandonada. Por Maribel Romero Soler

La casa estaba abandonada. El césped crecido sin control, los cristales sucios y rotos, la puerta oxidada y la decena de gatos que se paseaban por sus dependencias así lo indicaban. Los niños tenían miedo de aquel lugar y contaban historias terribles sobre la familia que un día habitó la mansión. Las mujeres, sin embargo, se inventaron otra leyenda, la de un apuesto millonario que muchos años atrás se había enamorado locamente de una joven del pueblo. Y los hombres, sentados en la plaza, no hablaban de otra cosa que no fuera esa vieja casa, un nido de porquería. Una… Leer más

Innombrable. Por Luis Oroz

Cómo puedo decírtelo, si nombrarlo es romperlo, si no existe raíz para lo no sembrado todavía, si buscarle un lugar es destrozar su vocación de dios sobre los hombres. Yo sé que puedes verlo, que sonríes cuando escuchas callar lo que te cuenta, que pisas tú también cada una de esas huellas que no podrás pisar (es lo que pasa). No, yo no puedo decírtelo ni tú preguntarás cómo ha llegado, porque tan solo aquello que se sabe inconsciente, como un acto reflejo, puede vivir sin nombre y sin origen. Porque, después de todo, cuando todo esté cerca, de tan… Leer más

La noche. Por Julián Marcos Coello

  La luz palidece ante la oscuridad suprema. La noche despierta y yo, entré la realidad y el sueño, sigo la flecha. La noche lanza sus primeros bostezos y yo sigo andando, entre nieblas espesas la noche calma su sed, yo enmudecido, bebo su miel. La noche sacia su provecho, y yo, hambriento, tomo sus desechos. La noche se duerme mi cuerpo se desvanece en el amanecer. La noche está muriendo y mi alma se va tambien. El día aparece, yo desaparezco con él.   Julián Marcos Coello Leer más

¿Por qué o para qué escribimos? Por Mar Solana

“En esta comarca no existen reyes, aficionados o vasallos de las letras; sólo la magia de los artesanos de la palabra que intentan comunicar”. Hace unos treinta y nueve años aprendí a leer y a escribir. Creo que fue entonces cuando me encontré por primera vez, frente a frente, con un gran tesoro. Las letras, auspiciadas por las rayitas de mis recién estrenados cuadernos de caligrafía, se movían de mi mano al compás de una danza mágica. Les gustaba bailar en grupitos y así nacían muchas palabras que, ávidas, se buscaban unas a otras para enseñarme los vericuetos de fantasía… Leer más

La mala lluvia. Por José Fernández Belmonte

Siento hoy la cuesta más pronunciada que nunca. Mis piernas están destrozadas por los últimos días tan duros de trabajo que me he pegado. La bicicleta parece no avanzar. Unas negras nubes ya comienzan a descargar sus primeras gotas de lluvia, mientras que un ensordecedor trueno se adelanta a un rayo tan poderoso que ilumina todo el horizonte. Efrén, mi hijo pequeño, llora asustado y su madre le tapa la cabecita con su rebozo, a la par que sujeta fuertemente mi cintura para sentirse más segura. Paco, mi otro hijo, por el contrario, va sentado en el manillar, contento de… Leer más

Amor en tiempos de sueros. Por Ana Mª Tomás Olivares

Mi padre, un venerable anciano de ochenta y seis años, entró apresuradamente en la habitación compartida del hospital. No pareció ver a nadie salvo a su mujer, al menos obvió todo saludo reglamentario hasta después de haber cubierto de besos la cara postrada de mi madre. Sólo entonces reparó en mí y en los acompañantes de la otra enferma que compartía habitáculo y saludó amablemente tras excusar sus modales. Los “acompañantes” no sólo sonrieron, sino que quedaron… ¿sorprendidos? del amoroso gesto de mi padre. A él acababan de darle el alta médica tras haber pasado toda la noche en urgencias… Leer más