EL perro cortés y la gamba gigante. Por Dorotea Fulde Benke
Cuando la gamba gigante estiró sus tenazas y atrapó a la luna llena, las luces del paseo marítimo no estaban encendidas y toda la costa se quedó a oscuras mientras un mar sin reflejos lamía con desgana la arena. No quedaba nadie en la playa, y el único bar de la zona acababa de extinguir su letrero de neón. Un camarero somnoliento sacó dos bolsas de basura, echó la llave a la puerta, se montó en el asiento trasero de la moto de su compañera y se marcharon con un suave zumbido de motor. La playa, tan acostumbrada a las… Leer más
