Adagio florentino. Por Mercedes Martín Alfaya

Un adagio florentino dice: “La vida es para gozarla” Y digo yo que, existen días grises, arrugados, sucios… Otros, de arco-iris, elegantes, nuevos… También los hay planos, sosos, sin calado… Hoy es un día normal, sencillito (que no simple). En los días normales es cuando ocurre lo fantástico: me preparo un zumo de olvido y me doy un baño de humildad. Me he quedado nueva. -¿Si?… Enseguida bajo. Voy a comerme una hamburguesa con patatas en uno de esos sitios que huele a refrito. Tocaré el Cielo con los dedos, llenos de pringue vulgar. Voy a pisar cagadas de paloma en… Leer más

Semillas. Por Ángeles Nava Martínez

Busca… busca siempre en el territorio equivocado porque es ahí donde el azar del descuido camina sobre hilos. Apresura… apresura el paso porque los minutos inexpertos pueden girar el tiempo al revés y hacer los cuerpos retroceder hacia el ocaso. No caben dudas mal encontradas cuando nada es cierto, porque quizá el decir que uno prefiere la certeza anticipada que el dolor despreocupado, sea la mejor elección como consigna, porque las lagrimas tardías cuando se miran no duelen tanto, porque he visto entrañas consumidas con silicio. Difícil es el cultivo de una fragancia que destile eternidad, que huela a ducha,… Leer más

Los Toros. Por Brisne

Asisto alucinada al fin de las corridas (de Toros, se entiende) en Cataluña. Les confieso, me gustan los toros, como aficionadilla normal y corriente. No he leído el Cossío, aunque no descarto hacerlo un día. Todos los años asisto como poco a dos corridas de Toros en mi pueblo. Por cierto dentro de muy poco, iré. Entiendo a quienes no les gusten los toros, simplemente que pasen de ir. ¿Qué tiene que ver el toro con la literatura? Pues mucho, desde el magnífico poema de Lorca a Ignacio Mejías… recuerden… Eran las cinco de tarde… hasta muchos cuentos de Heminway…. Leer más

Don Quijote de la Mancha. Por Juan A Galisteo (Galeote)

Si los molinos hablaran ¡cuánto gallo cantaría! que en este vivir mundano, soberbio y engalanado, no ha existido un caballero, más gallardo y soberano, como lo fue Don Quijote, manchego, en su gallardía. Si los molinos hablaran, el viento nos contaría, su figura triste, ambigüa, su caminar cortesano; su lanza de visigodo, que alargada y en la mano, a más, de una espada o sable, de la corte envidiaría. No fue su afán tener gloria, ni tampoco la fortuna, y en su gesto tosco, hundido, pero también arrogante, a una injusticia incesante, golpeó, mirando a la luna. Dulcinea, fue su… Leer más

El cristo de Setubal. De Matías Mazzoni

El libro A partir de un hecho accidental, Amadeu, un inventor portugués cuya existencia ha estado signada por el infortunio, descubre en la fe un negocio más rentable que la ciencia. Cansado de sus penurias económicas, decide utilizar sus conocimientos para construir una redituable farsa: Un templo hecho de milagros que no son sino ilusiones en base a artificios mecánicos. Pero Amadeu es solo el extremo de un triángulo cuyos otros dos vértices son Leónidas de Souza, un talentoso escultor – aunque más célebre por su maestría en el arte del amor – y la hermosa Laurinda, una religiosa recluida… Leer más

recordandocomoolvidarte. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Estoy recordando como olvidarte. Rastreo mis neuronas con los dedos (morados, de tanto aguantarme la sangre) y encuentro la fórmula perfecta. La miro y me la aprendo de memoria. Ahora ya estoy lista. Es fácil. Comienzo arrancándome las orejas para no oír tu voz tan cruelmente dulce (antes te devuelvo los pendientes de turquesas que me regalaste con tu primer sueldo). Después me sello las piernas con clavos y madera (si tus manos no pueden entrar, no hay riesgo de incendio). Y no me olvido de mi boca. No… La rellenaré de sal y de vinagre para que no quieras… Leer más

Los peligos de la letra «L». Por Dorotea Fulde Benke

Siempre que no estuviera enamorada, y la vida le concedió largos descansos de ese estado emocional, ella lo entendía todo: desde el idioma materno suyo, pasando por lenguas que había aprendido a lo largo de los años, e incluso –por mera intuición– el lenguaje japonés de gestos, los silbidos de pastores canarios, los chasquidos de bosquimanos… Aquella tarde fatídica, sin embargo, iba a salir cuando llamó a su puerta una visitadora comercial con la intención de ofrecerle una enciclopedia multilingüe. Introduciendo un minúsculo pie en el umbral, la vendedora le soltó a quemarropa una repetitiva vorágine verbal que había memorizado… Leer más