Mercado del automóvil. Por Javier Revolo

Las luces potentes de la sala de exposiciones resaltan mis líneas aerodinámicas y el brillante color rojo de mi fina carrocería, mis cómodos asientos son de una suave pero resistente piel oscura, los controladores de velocidad y rpm se complementan con el sistema de navegación GPS y la pantalla de entretenimiento e información de mi ordenador incorporado al tablero de control. En fin, que gracias a la inmejorable visión de uno de los mejores diseñadores del momento, y una de las más prestigiosas marcas del mundo, soy uno de los modelos deportivos más cotizados y atractivos del mercado. A él,… Leer más

Romance del río Tormes. Por Juan A Galisteo Luque

? ¡Qué despacio cruza el Tormes al llegar a Salamanca! la catedral se estremece en el espejo del agua. ¡Qué solemne baja el río! ¡qué hermoso en la madrugada! es, como un grandioso espejo todo cubierto de plata. De noche, cuando las sombras resurgen como fantasmas y las estrellas del cielo tiemblan de frío y de escarcha, se escucha un rumor de viento al sonido de campanas, que hasta los olmos suspiran, y hasta las alondras cantan. Luego, llega un gran silencio, y murmurando en voz baja, solloza, porque se aleja de su amada Salamanca. ¡Qué tranquilo se ve el… Leer más

amigosparaolvidar. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Ocurre, Ocurre, Ocurre… Sucede. Claro, pero tú no lo esperas. Toda la locura te sobreviene de pronto. Es ese amor que te arrasa y que no sabes amortiguar. Que te desmadra la sangre y que te lacera de placer. Que te aplasta a lo más básico de tus neuronas para nacerte de nuevo. Y después de ese primer beso apretado, germinas tú. Renacida y bella como hace siglos que no te mirabas. Resurgida, jadeante… tú. La que espera. La que se pregunta y ahora qué. Y ahora qué ocurre, Qué ocurre, Qué ocurre, Qué sucede… Por eso yo, en esta… Leer más

Poema con caballos. Por Juan Ballester

Por el azul de un verso volaban los caballos llenando de silencio la mañana de otoño, volaban los caballos por un cielo inaudito donde apenas podía pronunciarse tu nombre. Las aceras, los bancos, los tejados, los árboles, los semáforos rojos y los escaparates, todos se preguntaban el por qué de septiembre, el por qué de ese viento que alzaba mis zapatos. Cuánto barro en el alma, cuánto fuego en las manos, cuánto dolor a oscuras pregonando tu ausencia, cuánta calle desierta sin saber dónde estabas, cuánto pájaro herido al borde de los labios. Por el azul de un verso los… Leer más