
En aquel féretro, sin ira ni agua ni día aparente,
se inhumaron los afanes que me predestinaron
a una gloria que no fue más que polvillo de pena.
Me robaron, me torturaron. Viva me mataron.
Llega el frío y no hay bufanda que proteja mi garganta
del improperio de la carraspera y el escozor de palabra,
ni guante alguno suaviza la piel cortada de unas manos
que se quedaron vacías de abrazos, besos y canciones.
Te leerás en el pergamino de la oscuridad sin sombra,
te leerás en la servilleta sin fondo de rápido garabato,
te leerás en el verso sin rima que con delirio te nombra,
en el tiempo sin hora, en el alma, en lo eterno de justo rato.
Mi alma es el escrito renglón
donde tintero es pensamiento,
tinta negra es rara emoción
y letra hilvanada el sentimiento.
Y nunca hubo más en mí
que ese verso, de tonta mano,
que hace credo una razón de vivir.
Te leerás en el pergamino de cada fustazo,
en un amarillo papel que aparece en un cajón,
en el margen roto azulado de un cruel arañazo
y en la piel azorada que recubre mi corazón.
Te leerás en mi pergamino.
Andarás mi camino.
Pero, cuidado, no todo son rosales…
Podrías herirte con mi espino.

Verónica Victoria Romero Reyes
Blog de la autora
De tu voz la travesura.
Derechos registrados.
