Sociable. Por Mercedes Martín Alfaya

Ya llevo dos semanas en la guardería, que se llama “Los Peques”. Me lo paso muy bien allí porque hay muchos niños y jugamos. También me puedo lavar las manos yo sola, porque los lavabos son bajitos.
Mamá estuvo hablando con la ‘seño’, para ver cómo me porto en la clase y si me he adaptado bien. La seño me miró sonriente y dijo que yo era una niña muy sociable y mamá puso cara de contenta. Yo creo que ser sociable tiene algo que ver con la plastilina, porque es lo que mejor se me da. La aplasto contra la mesa y fabrico trenes. Los trenes son muy fáciles de hacer, sólo hay que restregar la ‘plasti’ hasta que se forma un macarrón. Claro que yo ya sabía cómo eran porque me había montado en uno con papá. Los trenes son muy chulos y te llevan a ver a los abuelos de Córdoba.
Cuando mamá se despidió de la seño, estuvo mirando la cartilla de diario que llevo en la mochila. Ahí la seño anota lo que como, si duermo la siesta, si hago caquita, si he tosido, si he llorado… Como hoy, que he pasado un berrinche gordo. Me puse a bailar dando vueltas en la clase y de pronto me caí al suelo; todo se movía y me dolía el brazo, pero se me pasó enseguida. También nos han hecho un test; se llama “Bip de inteligencia”; había botones para apretar y se encendían colores. Papá también ha visto la cartilla donde dice: “Activa y participativa”, y se puso contento.
Luego sonó el teléfono; era la abuela preguntando por mí. Mamá le contó eso de que soy muy sociable y que he merendado pan con aceite y fruta. La abuela quería hablar conmigo y mamá me pasó el teléfono. Me lo puse en la oreja y dije: “hola”. Me preguntó si estaba contenta en el ‘cole’ y le dije que sí. También quería saber cómo se llamaba mi amiga y le conté que Ana (es la niña que me arranca la goma de las coletas cuando llego). La abuela dijo que vendría a verme cuando saliera del trabajo y que me traería una caja de plastilina nueva. Luego me pidió un beso. Me llevé el móvil a la boca y se lo mandé: ¡Pab!
Papá me ha llevado al súper y me ha montado en el carro. El súper me gusta mucho porque hay pasillos llenos de latas y galletas; también hay colonia, zapatos y potitos para los bebés. Cuando estábamos en la cola mi padre dijo: ¡mierda, la comida del perro! Y tuvimos que atravesar el pasillo a toda velocidad, como si el carro fuera un coche. Me reí mucho.
A Darwin, nuestro perrito, le he dejado unas cuantas barritas de plastilina en su comedero de perro, para que sea sociable como yo.

texto y foto: Mercedes Martín Alfaya
(www.tallerliterario.net)

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