
Es tremendo como no dejan en paz a todas esas personas que murieron en accidente de avión y a todos sus familiares. ¿No se dan cuenta que no dejan que las heridas se vallan curando y al mismo tiempo están provocando en otras personas que se abran otras heridas que estaban cerradas? ¿No importa el sufrimiento?
Por favor dejarlos en paz y al mismo tiempo “dejarnos en paz”.
Todos los medios de comunicación lo único que les importa es saber quien tuvo la culpa. Y yo les contesto. La culpa la tiene ese maldito avión. Esas malditas máquinas que creemos hacer tan perfectas y que nos creemos que las dominamos, y eso es mentira. Las máquinas terminan ganándonos, cuando más confiados estamos.
A mí también me hicieron culpable de tú muerte, tenían que buscar una justificación y la más fácil fue atacarme sin piedad y hacerme responsable de tú accidente.
Era muy joven, demasiado para tener tantas cosas. Tenía salud, un buen físico, un hijo precioso y un marido extraordinario, el más extraordinario del mundo y yo me sentía llena de orgullo. Y eso no se me perdonó.
Uno de mis muchos fallos (Quizás por mi tremenda juventud) fue el no ocultar mi felicidad ni el orgullo que sentía por ti. Pero tenía tantas razones para admirarte. Quizás hoy con los años nadie habría notado ese sentimiento.
Eras uno de los mejores pilotos que había entonces. Eras requerido por muchos sitios porque eras el mejor en la modalidad vuelo sin visión. Cuando te llamaban para realizar éstos trabajos. Yo me sentía Orgullosa.
En alguna ocasión, estando en el aeropuerto te enterabas de alguna avioneta que se perdía entre esas tremendas montañas no dudabas en coger tú avión para salir a su encuentro y acunarlos hasta dejarlos encima de la pista, ya que les dabas más serenidad y mucha más seguridad, que las indicaciones que les podían dar desde la torre de mando. Yo corría al aeropuerto a esperarte, casi siempre regresabas cuando se ponía el sol, y tengo en la retina gravada esa imagen. El sol al fondo recortando la figura del avión y Tú bajando de él con el mismo ceremonial de siempre. Dabas un salto a tierra te llevabas la mano a tus labios y depositabas un beso en su ala y terminabas dándole un saludo militar. Con éste ritual le dabas las gracias y al mismo tiempo le demostrabas a ese avión cuanto lo querías. Yo me sentía orgullosa.
Cuando participabas en los campeonatos de acrobacia aérea, casi siempre conseguías un premio tus “tirabuzones” en el aire (como yo definía esos giros) eran los mejores y cuando te entregaban tú trofeo, yo con nuestro hijo en brazos. Le decía entre risas y besos ¡Es Papá! ¡Ha ganado! Y nuestro niño contagiado de mi alegría reía y me besaba también. Después corrías hacía nosotros y me entregabas el trofeo abrazándonos los tres y con nuestras tres caras rebosando felicidad saludabas a todos. Yo me sentía orgullosa.
Y claro ahora lo entiendo, tanta felicidad, tanta juventud, era un insulto y creo que casi rallaba en el delito y eso jamás se me ha perdonado.
Una mañana al levantarnos abrimos la ventana y vimos un día tremendamente claro con un cielo azul precioso sin una nube, y una limpieza en el aire increíble, respiramos profundo y al mismo tiempo dijimos los dos, ¡Que día tan maravilloso!, nos reímos a carcajadas por haber coincidido en la misma frase. Y te fuiste. Te fuiste a demostrarles a todos que eras el mejor piloto. Pero ese avión que tu adorabas (que hubo momentos que me hizo sentirme celosa), ese avión que tú dominabas, que según tú, formabais un equipo perfecto y que tantos momentos te hizo feliz. Esa máquina que tanta confianza te inspiraba, te traicionó y te precipitó a tierra acabando con tú vida.
Yo no tuve sicólogos para superar tú muerte, al contrarío vinieron todos, familia, amigos… todos, a decirme. TÚ TIENES LA CULPA DE SU MUERTE. Yo no daba crédito a lo que pasaba. No entendía que con el desgarro tan tremendo que yo tenía en el corazón estuviera oyendo esas cosas. Pregunté ¿Por qué? Y me contestaron. Que te alentaba con mis risas, que te daba estímulo con el orgullo que demostraba hacía ti. En definitiva que yo había provocado tú muerte. Comprendí que me hacían culpable por sentir un gran amor y gran admiración por ti, y que en ningún momento intenté disimular. Y con esos sentimientos que yo sentía, te fomentaban tus ganas de volar. No me dejaron explicarles las veces que te pedí que dejaras de volar que aunque te admiraba, sufría sobre todo cuando realizabas ciertos vuelos. No me dieron opción a defenderme, me condenaron. Y desde entonces con resignación cumplí mi condena. No llorarte delante de nadie, por miedo a que alguien me dijera. ¡Tú tuviste la culpa!
Y hoy al pasar muchos años y destapar mi herida, pido perdón a todo el mundo, si yo con mi admiración y mi amor te llevé a la muerte. Pero tengo que pedir perdón por algo más grave. A pesar de los años, sigo sintiendo la misma admiración y el mismo orgullo. Doy gracias por haber podido vivir al lado de un hombre tan extraordinario.

Coscobil Fernández

Me ha emocionado mucho tu escrito. Ya hab
Muchas gracias por t
Creo que haces bien en sacar fuera tus sentimientos, escribi
ME HAS PUESTO LOS PELOS DE PUNTA. MIRA QUE HEMOS HABLADO VECES DE