
Enterrábamos a su padre, pero de nuevo al mío y a todos los seres importantes que se fueron dejándonos aquí, sin su amor y sin su apoyo.
Nos unimos en un fuerte abrazo, apenas dos palabras bastaron: «Te comprendo». Unidas lloramos la pérdida, la orfandad más intima, esa soledad que remueve los huesos de los muertos y el temor de los vivos.
Sintiéndonos abandonadas, quejosas de esta traición que la vida nos impone cuando ellos se van y nos dejan, teniendo que pasar de flor y fruto, en un fatídico instante, a raíz y tronco .
Sobraban las palabras, no podíamos parar de llorar en silencio.

Brujapiruja

Hola Bruja.
Realmente no te prodigas mucho. No s
«Cuando a mi madre la dictaminaron un c
Estas palabras de Felix me conmovieron cuando las le