Maniquí. Por Ignacio Lacuesta

Giré la esquina y te ví por vez primera,
erguida, elegante, silenciosa.

El ceñido vestido realzaba tu figura
y la sensual curva de tu cuello
se ocultaba tras un collar de abalorios.

Me presenté por mi nombre
y no obtuve respuesta.

Desee estrechar tus manos y habían huido.

¿Quién te mutiló así, querida mía?
¿Quién te privó de mirada?
¿Quién secuestró tus abrazos?
¿Quién enmudeció tus labios?

 

Ignacio Lacuesta

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