David está dándole fuerte en la cara últimamente a Goliath.
Ni la coalición de los ejércitos más caros del mundo, ni la promesa de democracia y tele para todos consiguen someter a un país misérrimo y atrasado que abrió la grieta de la caída del imperio soviético: Afganistán.
En África, un puñado de negros bien armados- algunos de ellos, adolescentes- tiene en jaque a toda la diplomacia, a todas las armadas y a todos los armadores europeos.
Los somalíes no tienen un Estado real, en las costas de gran parte de África reina un desgobierno del que todos (aún sin saberlo, aunque en la vida hayamos subido a un barco) nos hemos aprovechado. Hasta que llegaron los piratas, nada habíamos de temer cuando pasábamos por sus costas sin pagar impuestos, cuando llenábamos las bodegas en sus caladeros, cuando limpiábamos los tanques en sus aguas. Los piratas, que aquí son vistos como criminales e incluso terroristas, son contemplados por su pueblo como héroes. Toda moneda tiene su cara y su cruz.
Mientras aquí clamamos por la liberación de la tripulación del Alakrana (vaya un abrazo para sus familias, tan peones en el tablero mundial como quien esto escribe), en Kenia los pescadores hacen volatines de alegría porque, desde que están los piratas, las grandes compañías europeas no se atreven a pescar en las costas de Kenia y los pescadores keniatas por fin hacen capturas que merezcan la pena.
Mientras, a nuestro Gobierno no se le ocurre más que marear piratas. La vida de los hombres del Alakrana, pescadores, padres de familia, trabajadores que se ganan el pan, está en peligro y todos queremos que vuelvan sanos y salvos cuanto antes. Pero eso no debería impedir que analicemos qué hay detrás de esta situación. Ahí dejo un video por si a alguien le interesa cómo se ve la cuestión desde África.

nidiosniamo
proscritosblog.com

Nada tengo en contra de los pescadores keniatas o somal