
Microtextos a concurso en el Premio Especial 2009
-¿Te traigo un zumo?
Ella parpadea una vez.
– ¿Quieres que te levante?
Parpadea dos veces.
-Vamos allá -le dice, Acacio, su marido, que la ciñe con sus aún recios brazos-. Arriba, moza. –Levantada, sus piernas tiemblan. Al poco, un leve ruido sale de su garganta-. De acuerdo, te siento. -La baja con cuidado-. Voy a por agua fresca.
Tomasa se queda en el sillón del salón. Una mosca se posa en su cara. Hace visajes; el insecto salta y se posa en la nariz. Vuelve a hacer muecas; la mosca vuela a la mesa, pero pronto regresa a comer en su cara.
Acacio entra, deja el vaso de agua, agarra la paleta matamoscas y la espanta. La mosca vuela a la pared. Él alza la paleta y la arrea; la mosca cae al suelo.
-Ésta ya no te molestará más.
Ella lo mira agradecida.
Coge el vaso y le da a beber pequeños sorbos.
Luego, a él le viene un golpe de tos. Tomasa lo mira preocupada.
-Tranquila, que si llevamos bregando 57 años juntos, me cuidaré para que acabemos juntos la carrera. Hoy sólo he fumado dos… Dicen que el Gobierno va a dar ayudas si necesitamos a una persona.
Ella pone cara de preocupación.
-Si es así, yo te seguiré levantando de la cama mientras tenga fuerzas. ¿Te parece bien?
Ella asiente y esboza una sonrisa.
Otra mosca ha entrado. Él la persigue con el matamoscas.
-Pensaba que en la ciudad no había moscas. ¿Crees que hemos hecho bien en dejar el pueblo y venir aquí?
Ella lo mira y levanta las cejas.
-Dices que a donde yo vaya allí vas, ¿no?
Ella parpadea dos veces.
-Será mejor que nos quedemos; tenemos a los médicos más a mano. ¿Te parece bien?
Ella asiente.
-Van a salir por la televisión esos amigos tuyos de Amar en tiempos revueltos. Mientras pasas un rato con ellos, bajo al bar a tomar un café y a echar una parlada.
Ella, sin dejar de mirarlo, parpadea dos veces.
-¡Malditas enfermedades! Pero la estás llevando con mucha dignidad, Tomasita. Te debo mucho. Has sido muy sacrificada. A los hombres nos enseñaron desde pequeños a ser atendidos, y tú lo has hecho de manera tan callada…
Le atusa el cabello gris con su tosca mano.
Cuando sale, a ella le brotan dos lágrimas, que se secarán en sus mejillas.
Alfredo

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