Mulligan. Por José María Araus
El zumbido del timbre le sonó como un escopetazo dentro de su cabeza, y por un momento se quedó quieto en la cama sin atreverse a realizar ningún movimiento. De pronto el pie de Rosa buscó el suyo y le dio una ligera patada. —Mariano cariño, mira a ver quién llama a la puerta ¡Anda! — ¿A la puerta? ¿Qué puerta? —dijo Mariano sobresaltado. —La de la calle hombre ¿No has oído que ha sonado el timbre? —Voy a ver —dijo con parsimonia?. Pero a estas horas… Son las tres de la mañana —rezongó, mientras se dirigía a la puerta… Leer más
