Condenado. Por Mª Dolores Moya Gómez
Todo se desmoronaba, solo me quedaba una opción… Después de muchos meses intentándolo, lo conseguí, tenía una cita con él, con el más grande. Entró apresurado a la sala y tras un fortísimo apretón de manos se sentó frente a mí, con un ruidoso catarro. En cuanto empecé a hablar se inclinó hacia delante de manera desafiante y estornudó, saliendo de su boca un repugnante moscardón que fue directo a la mía, enmudeciéndome. Mientras el repelente insecto se desvanecía bajo mi mirada atónita, las luces de la estancia comenzaron a parpadear. Su sonrisa amable se volvió macabra. Sus ojos derramaban… Leer más
