LAS CUATRO ESTACIONES (III, IV y V). Por Salvador Pliego
III Otoño Apenas se descubre, tela vital o manantial de alas, en unos ojos que acunan las interrogantes juntas, las preguntas ardientes y estampadas en sentidos aún no descubiertos. Entonces, el hombre salta al fuego, desde su propio idioma: llorando a todos, en un millón de hornos, descolgándose de los sonidos, de sus palabras necesarias, de sus imágenes verbales. Ofrece su espuma, su aire, el rojo latido que su sed le apremia, el bombeo obligado en las corrientes, en las invisibles latitudes que intiman dos manos al tocarse, dos bocas al rozarse, como si ningún cuerpo existiera y ninguna niebla… Leer más
