AZCARATE. Por Juana Cortés Amunarriz
Ladis se llevó el dedo índice a los labios, pidiéndole silencio. — No debe de ser fácil morirse, chico. Ahora el negro había acertado de lleno. Tenía razón. ¿Qué sabía Inaxio de la muerte? — Además, cada cual tiene sus manías. ¿O no? A Inaxio no le gustó como le miraba el negro en ese momento. Había algo turbio en su mirada, que no llegaba a entender. — ¿Cuáles son tus manías, chico? ¿Cuáles son tus deseos? Ladis, como siempre que bebía, sonreía demasiado. En ese momento, al hacerle esas preguntas tan enigmáticas, le pasó el brazo por los… Leer más
