No pude morir. Por Ana Mª Álvarez Barroso

No, no pude morir aquella noche, y aunque buscaba la manera más precisa, sólo hallé de tus manos el trasiego de sentirlas enredadas en mi cuello. No pude… quise morir, pero no pude, abandonada al arma ingrata de tus labios, acuchillada por tus besos asesinos, tan sólo pude desangrarme en mis verdades. Y nuestros cuerpos se empaparon de delirios, y los delirios se empaparon de silencios, con el silencio apuñalaste mi esperanza… con la esperanza se rompieron los espejos. Y quise, amortajada de caricias, hallar en ti la parte mía que no poseo, y aún sabiendo que moriría si no… Leer más

Desde el cascarón. Por Kurtz

Hace mucho tiempo que no me enfrento a las palabras, y seguramente sea porque no me gusta perder. Por la noche, al calor de un par de gintonic, me atrevo con unas cuantas frases sueltas, que apunto con timidez en un desordenado cuaderno de notas. Pero es pasar de dos o tres líneas, y constatar que escribir es una cosa demasiado seria. A veces tengo ideas sueltas que no sobreviven en el papel ni el tiempo que gasto en escribirlas: amaneceres rojizos capaces de inspirar el mejor soneto, preciosas piernas acarameladas, o antiguos sueños de grandeza de esos que nunca… Leer más