Los obreros. Por Salvador Pliego
I Donde se amartillan en láminas las lágrimas del hierro y las ámpulas abren sus calderos al golpe firme del acero, alzan las sirenas sus ojos, sus rezos a los huesos taladrados, y los pulsos de las vigas, en chispas rojas derretidas, recogen las sombras de todos los lamentos para que en sus botas, descalzas de casquillos, griten las almas el gemir de los obreros. II Levantareis los estruendos de torretas, los dedos vencidos por las fraguas y carbones, los años en meses sudando medias horas, las dulces Marías de las trenzas en el metal amortizadas. Alzareis, digo, dientes, armaduras,… Leer más
