Todo él. Por Ana Mª Álvarez
Su voz, cristal tallado, rasgada por las fauces de la doliente vida embelesa mis tardes con lunas que reservo para mis negras noches.. Sus ojos, maremoto, serenan mis temores, acarician mi rostro, y perfilan mis labios con un pincel de olas dormido en su mirada. Sus manos alargadas me rozan sin rozarme, escribiendo en el aire un poema sin nombre que alberga una esperanza, destilando ilusiones. Su corazón inmenso derrama una cascada de pasiones ocultas. Mas temo la corriente que poderosamente me arrastra hasta su cuerpo. Su ausencia y su presencia que siempre me acompañan como sombra difusa, enturbian mis… Leer más
