Escríbeme un poema. Por Verónica Victoria Romero Reyes.

«Escríbeme un poema», me dices, sobre caricias, abrazos y besos, escríbeme un poema si te apetece, si te hice sentir en la piel y los sesos. Escríbeme un poema que nos rece entregándonos en cáliz la salvajada de sabernos comunión de únicas preces. Escribe lo que sientes cuando te toco, describe ese río y esa lluvia de vahído que te torna humo virgen en mi sofoco. Regurgita el alma que te has bebido. Dibuja en el lienzo el amor que has olido. «Escríbeme un poema», me dices… Y yo te digo, dormida en tu recuerdo, que no hay verso que… Leer más

La Soñadora.Por Brisne

Pero no es cierto que la vida se pueda contar, que quepa en ninguna historia. Pedimos a las historias la coherencia y el sentido que la vida no logra tener. La Soñadora es el segundo libro que leo de este autor, Gustavo Martín Garzo. Escritor vallisolentano nacido en 1948 del que también leí, en voz alta, como creo que hay que leerle, Tres cuentos de Hadas. Es la suya una prosa preciosista que te introduce en universos extraños que se hacen cercanos conforme avanzas la lectura. Hay que leerlo en voz alta, porque la habitación o la playa se llenan… Leer más

Leviatán o la ballena. De Philip Hoare

El libro Philip Hoare está obsesionado con las ballenas. Más aún, está obsesionado con el capitán Ahab, con una ballena ficticia, Moby Dick, y con el escritor Herman Melville. Ha escrito un libro brillante que examina conjuntamente todas estas obsesiones, reconstruyendo la biografía de Melville en el mundo real, siguiendo los pasos literarios de Ahab y la estela de espuma que dejan las ballenas, para describirnos la contradictoria relación que el hombre ha mantenido con esos leviatanes a lo largo de las distintas épocas. El entusiasmo que muestra Hoare por las ballenas es contagioso, pero no se embarca en un… Leer más

Humedad de barra de bar. Por Isidro R. Ayestarán

La jarra de cerveza suda desengaños que caen hasta llegar al madero viejo de la barra del bar, viejo por las historias acumuladas, por los tics repetidos, por los violonchelos desafinados. El dedo apenas se levanta para alcanzar la altura requerida de la atención del barman, y el temblor del alcohol posee papeles legales y nadie osará arrancarlo de esta tierra. Los cimientos del cuerpo se tambalean como una flor marchita, como una campana en su reinado, tañendo adagios con sabor amargo, surcando la piel ajada, dando relieve al nudo en la garganta… Nadie te hace caso, viejo poeta, viejo… Leer más