milujo. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Me enloquecen las cosas lujosas; me hacen sentirme terriblemente poderosa. Me compraría, por ejemplo, hasta agotar mi tarjeta, todas las sonrisas de Mandela (que curioso, siempre que lo veo reír, lloro). Soy también adicta a las pulseras de zafiros de plástico que mis hijas me hacen con sus deditos preñados de futuro. Y, aunque es muy caro, no puedo resistirme al lujo asiático de hacer el amor contigo a la hora de la siesta (este es uno de mis consumos favoritos). Por supuesto, me gusta, (claro que sí) un brillo de labios de Dior y un bolso de piel de… Leer más