Serpientes. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Esta mañana he ido a su cama. Él dormía boca abajo. He atravesado las sábanas y su perímetro más dulce —área delicada de triángulos y vello— Y he soldado mi ombligo a su lomo, moviéndome como una serpiente (muy venenosa). Con mi cascabel, he taladrado su oído y, con una operación matemática de mi lengua, he probado su sangre. Creo que, sin querer, le he mordido las venas, porque él —siempre él— ha gritado. O quizás soy demasiado venenosa y… lo he matado. Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web en la sección «Tacones de Azucar» Blog de la… Leer más

El pájaro. Por Luis Oroz

La tarde huele a incienso, el mar es una cripta y exhuma la marea un cadáver de pájaro. -Me gusta investigar, jamás fui conformista con el duelo que nos deja preguntas en los labios. Parece que murió de forma rápida, demasiada distancia hasta el hotel más próximo donde dejó su nido. Tal vez era mayor para volar sobre un cielo privado. No está clara la causa de la muerte; una lata vacía de cerveza emborracha a las olas con la añeja constancia de su óxido. -Pensaba que las aves se morían deshechas en caricias por el cielo. Pero llegan sus… Leer más

Tensiones fronterizas en la última novela de José Luis Muñoz. Por Johari Gautier Carmona

“Un libro de tensiones fronterizas”. Así es cómo el novelista José Luís Muñoz describe su última obra, La frontera Sur, publicada por Almuzara (2010) y con la cual ha ganado el premio de novela negra Ciudad de Carmona. En ella retrata las enormes diferencias que caracterizan una misma geografía como puede ser la frontera entre la California de Estados Unidos y la baja California en México. Los contrastes económicos, la inmigración masiva, el miedo, el alzamiento de un muro entre dos países, la guerra al narcotráfico y la corrupción son algunos de los elementos que sirven de decorado para una… Leer más

Me gusta matar gente. Por Felisa Moreno Ortega

Es un hecho probado, en la mayoría de mis relatos y/o novelas muere alguien de forma trágica, es decir, no por una muerte natural y placentera en una cama, rodeado de su familia, no. Normalmente suelo acabar con mis protagonistas de mala manera, suicidios, asesinatos, accidentes, etc. Como muestra un botón, que diría una costurera, en mi última novela “Una idea absurda”, inicié el primer capítulo con un cadáver, y por el camino me cargué a unos cuantos más. Lo que en principio iba a ser una historia de infidelidades, se convirtió en una auténtica carnicería. Y no me explico… Leer más

Molinero. Por Juan A Galisteo (Galeote)

Molinero, no me olvides, que me muero; ¡déjame libres mis brazos! yo no soy tu prisionero. En las tierras de La Mancha, en esos fríos de Enero, cuando cae la nieve blanda y golpea el aguacero, todos los campos se anegan; allí, en medio de un sendero, yo me quedo solo y triste, helado, como el acero. Molinero, no me dejes, que me muero. ¿No recuerdas esos años, cuando el viento fuerte y fiero soplaba mis tiernas aspas? tú, como un caballero, me defendías ufano dándome un vaivén ligero. Y aquellas noches de luna, en la inmensidad del cielo, cuando… Leer más

SERÁS TAN MÍO… Por Ana Mª Tomás Olivares

Como un plástico retráctil al calor me sé pegada al reverso de tu alma. Y sé de tus esfuerzos mansos, como de agua de acequia, para librarte de mis huellas en la conciencia de tu tiempo. Calles de rotas esperazas conducen hasta tu puerta, pero te siento tan mío que no importa de quién seas, ni que paisaje o figura llene tus retinas o tus manos. Agotado de intentar apagar con soplidos las estrellas descansarás en el recodo incólume de mi ternura cierta. Y serás tan mío como lo son ya tus besos y el vacío de tus manos que… Leer más

Los gigantes duermen en Antequera. Por Dorotea Fulde Benke

Se tumbó formando con su cuerpo unos montes en medio del valle. Apartó rocas y montículos para apoyar su cabeza sobre un bosque que cedió con estrépito. Mirando el techo del cielo, a veces tan bajo, inalcanzable en otros momentos, se acomodó mientras su mano buscaba la mujer que hacía siglos no se movía y cuya silueta –disimulada por viñas, olivos y pinos– había perdido nitidez. Durante unos instantes a su medida, volvió a experimentar la felicidad ilimitada que antes, mucho antes de que el mundo desapareciera tras sus párpados, compartía con ella: sus andanzas a través de la llanura,… Leer más