Serpientes. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Esta mañana he ido a su cama. Él dormía boca abajo. He atravesado las sábanas y su perímetro más dulce —área delicada de triángulos y vello— Y he soldado mi ombligo a su lomo, moviéndome como una serpiente (muy venenosa). Con mi cascabel, he taladrado su oído y, con una operación matemática de mi lengua, he probado su sangre. Creo que, sin querer, le he mordido las venas, porque él —siempre él— ha gritado. O quizás soy demasiado venenosa y… lo he matado. Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web en la sección «Tacones de Azucar» Blog de la… Leer más

El pájaro. Por Luis Oroz

La tarde huele a incienso, el mar es una cripta y exhuma la marea un cadáver de pájaro. -Me gusta investigar, jamás fui conformista con el duelo que nos deja preguntas en los labios. Parece que murió de forma rápida, demasiada distancia hasta el hotel más próximo donde dejó su nido. Tal vez era mayor para volar sobre un cielo privado. No está clara la causa de la muerte; una lata vacía de cerveza emborracha a las olas con la añeja constancia de su óxido. -Pensaba que las aves se morían deshechas en caricias por el cielo. Pero llegan sus… Leer más