Serpientes. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Esta mañana he ido a su cama. Él dormía boca abajo. He atravesado las sábanas y su perímetro más dulce —área delicada de triángulos y vello— Y he soldado mi ombligo a su lomo, moviéndome como una serpiente (muy venenosa). Con mi cascabel, he taladrado su oído y, con una operación matemática de mi lengua, he probado su sangre. Creo que, sin querer, le he mordido las venas, porque él —siempre él— ha gritado. O quizás soy demasiado venenosa y… lo he matado. Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web en la sección «Tacones de Azucar» Blog de la… Leer más
