Molinero. Por Juan A Galisteo (Galeote)
Molinero, no me olvides, que me muero; ¡déjame libres mis brazos! yo no soy tu prisionero. En las tierras de La Mancha, en esos fríos de Enero, cuando cae la nieve blanda y golpea el aguacero, todos los campos se anegan; allí, en medio de un sendero, yo me quedo solo y triste, helado, como el acero. Molinero, no me dejes, que me muero. ¿No recuerdas esos años, cuando el viento fuerte y fiero soplaba mis tiernas aspas? tú, como un caballero, me defendías ufano dándome un vaivén ligero. Y aquellas noches de luna, en la inmensidad del cielo, cuando… Leer más
