La llamaban desván. Por Yolanda Sáenz de Tejada
La llamaban desván los chicos de la escuela. Tenía unos ojos infinitos con un gran salón negro en el centro. Amueblaba su mirada una lámpara encendida de besos y pestañas. En el lóbulo, tierno, le prendían (como llamas) unos aretes de oro. La llamaban desván incluso, cuando la dejé preñada. Paseaba por el recreo aquel vientre hinchado de caricias, con esa vida fresca que le brotaba (como chocolate caliente) entre las caderas. La llamaban desván los chicos de la escuela, porque todos los hombres querían subirse a ella. Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web en la sección «Tacones… Leer más
