Cambios. Por Marisol Oviaño
La seguridad se acabó para mí cuando tenía seis años y me pusieron un parche en el único ojo por el que veía. Pasé de ser una de las niñas líderes de la clase, a esa pobrecita que volvía del recreo pasando la mano por paredes. Mi madre, que me había protegido de todo hasta entonces, no podía protegerme del desprecio de los demás, de mi sufrimiento. Pero no me quejo, gracias a eso soy escritora: mientras todas las demás corrían en el recreo, yo me quedaba en un rincón imaginando mi propio mundo. Durante años me acostumbré a ser… Leer más
