Adios D. Miguel. Por Santiago Redondo Vega
Llegó el momento de las despedidas, de los adioses tristes y tantas veces fatuos, de las palabras grandes a los grandes maestros, de la grandilocuencia vestida de frases lapidarias y altisonantes. Pero que nos dejen los árboles –los cipreses, por alargadas que sus sombras sean- atisbar la obviedad del bosque. Ese bosque de sencillez y limpieza léxica, de campechanía y palabras cargadas de tradición rural y sapiencia siempre. El camino de la vida en esta tierra nuestra de altibajos, de profundas desigualdades y heredados vicios, de razón y sinrazón a manos llenas, de piel y corazón, de carne y hueso…. Leer más
