Afilar mis uñas. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Cojo mis ojos con los dedos y me los cambio de sitio (últimamente veo demasiado alto y el otro día casi piso un recuerdo que estaba dormido) Después, me aliso el pelo (estos rizos indomables no dejan que pase la luz a mi cerebro y lo necesito fresco —en carne viva, diría mi madre—). Y multiplico mis dedos hasta llegar a cien (tu número favorito, nunca supe por qué). Lo último, y lo más importante, será afilarme las uñas —ahora cien— y los dientes. Es lo único que me falta para, cuando me vuelvas a engañar, matarte. Yolanda Sáenz de… Leer más

Retrato de familia. Por Maribel Romero Soler

Cerré la puerta sin hacer ruido y fui a acostar a los niños. Raúl seguía usando el pijama de rombos, aunque ya le quedaba un poco corto, y Pablo se abrazaba con fuerza a su oso de peluche. Me quedé junto a ellos en silencio, escuchando sus hazañas, cada una de sus aventuras escolares, hasta que su madre entró en la habitación, apagó la luz y les dijo que ya era hora de dormir. Entonces, como cada noche, le preguntaron: “¿papá está en el cielo?”. Y ella dijo que sí. Los besó en la frente y les pidió que no… Leer más