Afilar mis uñas. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Cojo mis ojos con los dedos y me los cambio de sitio (últimamente veo demasiado alto y el otro día casi piso un recuerdo que estaba dormido) Después, me aliso el pelo (estos rizos indomables no dejan que pase la luz a mi cerebro y lo necesito fresco —en carne viva, diría mi madre—). Y multiplico mis dedos hasta llegar a cien (tu número favorito, nunca supe por qué). Lo último, y lo más importante, será afilarme las uñas —ahora cien— y los dientes. Es lo único que me falta para, cuando me vuelvas a engañar, matarte. Yolanda Sáenz de… Leer más
