Ojos anónimos. Por Luis Oroz
Has vuelto una vez más sobre tus pasos el rastro de una estela interminable. No hay agua en tu paisaje, no hay orillas ni pájaros que asuman el vacío de unos ojos anónimos. Pero miras las páginas, reconoces la playa y resumes tus olas como un cuento en la boca de tu madre. De lado a lado expiras tu silencio. Tal vez extraviaste la piel detrás de los sentidos, como el -¡amor! de un ciego; hundiste tus palabras al oído de la oscuridad y nadie pudo abrirlas. -¡Escúchate y comprende! Sólo existe el abismo cuando el eco responde, cuando encuentra… Leer más
