No supe. Por Ignacio Fajardo Portera

Yo conocí la mano que llenaba la mía. Abracé al hombre alto -era lo más alto, cuando todas las cosas eran altas- y me llenó de ideas como besos, de besos como risas, de vértigo y caricias. Yo distinguía el ruido de sus pasos, el golpe del llavín en la cerraja, y cuando entraba la casa ya era casa, las alcobas encogían de repente la noche era redonda y se cerraba, caracol, vientre, redil, manada mansa, completa y agrupada. Yo conocí a mi padre siendo padre pero no supe del hombre que encerraba. Ignacio Fajardo Portera Leer más