A voz en grito. Por El Diletante

La caída fue brutal. Trastabillé en nieve podrida y, sin saber cómo, me desplomé hasta una pequeña repisa cuarenta metros más abajo. El fuertísimo golpe me aturdió, aunque pronto pude tomar conciencia de la situación: la pierna y la muñeca izquierdas estaban rotas. Pretendí levantarme; un dolor agudísimo me lo impidió. Grité algo a mi compañero de escalada. Probé a girar con suavidad el cuerpo y tampoco pude. A la altura y en la situación en que me encontraba, el rescate sería muy difícil, la opción lógica consistía en bajar. ¿Pero el rescate por quiénes? Subimos al estilo alpino y… Leer más