Muchas gracias. Por Marcelo Galliano

Amigos: Con los años uno empieza a perder la noción de las cosas hechas. Luego, el azar –la palabra me entusiasma, pero no quiero entrar en elucubraciones metafísicas- nos enfrenta a un cajón con fotos revueltas o papeles viejos, cuyas ajadas presencias nos devuelven algo de las borradas huellas del pasado, causando una impresión semejante al acto de acercar la boca a un frasco de perfume ya vacío. Una sensación similar tuve el martes, en la Legislatura Porteña, ante el reconocimiento que se hizo a mi trayectoria en el campo de la música y de la literatura, evento éste que… Leer más

31-Landa

Microtextos a concurso en el Premio Especial 2009 “El matrimonio es tratar de solucionar, entre dos,conflictos que nunca hubieran surgido al estar solo”. Eddy Cantor. Charo limpió el sudor de su frente con el dorso de la mano mientras recorría las calles del poblado minero cargada con la compra, considerándose afortunada por tener para los suyos, y alguna vez, llevarles un caprichito, aunque no siempre había sido así. Se había casado con Pedro en la pequeña iglesia de su pueblo, hacía casi cuarenta años. Soñaba con un vestido blanco y llevó un traje de chaqueta negro, porque su boda fue… Leer más

La ventana. Por Soledad

Miraba por la ventana de la cocina el cielo denso de hoy, tórrido, los edificios proletarios de aquí enfrente, la torre emblema de la ciudad a lo lejos, mi tazón de café con leche en las manos, calentándomelas esta tarde de manera innecesaria y molesta: mantengo en días de bochorno los vicios invernales de persona de manos frías. Me fijé en la maceta de calas. Las sembré en diciembre utilizando unas pequeñas plantitas del huerto de un amigo; han crecido y se han multiplicado en la medida que les permite su reducido espacio vital, y prácticamente han llenado la pequeña… Leer más

30-Nuestro matrimonio. Por Paquita

Microtextos a concurso en el Premio Especial 2009 Bernardo, nuestro matrimonio es una mierda porque no tuvimos hijos, ni ganas de amarnos, ni tuvimos estímulos comunicativos porque la mayor parte del tiempo estuvimos sin hablarnos. Sólo hacemos algo juntos con mucha frecuencia: enchufarnos a la tele para solazarnos en esa falta absoluta de poesía y detenernos frente a la pantalla a pura carcajada, imagen a imagen y semana tras semana. De hecho, nos gusta sobremanera agotarnos frente a esos paisajes desolados de la existencia para caer después extenuados sobre la cama. Si al menos hubiésemos formado una familia, si al… Leer más

Compañias. Por Soledad

Sus pasos afelpados me siguen por la casa. Se oculta tras la aspidistra del pasillo o bajo el vuelo de la cortina, siempre alerta. Me salta al codo cuando paso cerca de la mesa del comedor, y a los bajos del pantalón si está de guardia detrás de la puerta del salón. Yo simulo siempre un sobresalto y él se aferra fieramente al dobladillo duro de los vaqueros y mordisquea, gozoso y triunfador, alrededor de los tobillos protegidos. Aúlla más que maúlla, desde el brazo del sofá donde dormita, mirando el paso de abejarucos por la ventana, y caza con… Leer más

29-Nuestro colchón. Por Seda

 Microtextos a concurso en el Premio Especial 2009  Postrado sobre el mullido colchón de plumas de nuestros últimos veinticinco años guardado con cariño, observaba el bordoncillo perimetral aún sujeto pese a las sacudidas que ha sufrido en todo este tiempo. Fue entonces cuando me di cuenta del brote inconsciente del ombliguillo de un cálamo sobre la urdimbre del fuerte paño, lugar de nuestro descanso. Y al tirar de él -como las cerezas- las plumas, unas tras otras, empezaron a salir unidas, testigos de un pasado, a la luz de nuestra alcoba. Nadie mejor que ellas saben de él, de nuestras… Leer más

Problema de confianza. Por Brujapiruja

Tiene 27 años, está sentado tras una mesa en una sucursal bancaria, con corbata –claro- y cara de buen chico, yo no dudo de que lo sea, pero tampoco creo que tenga capacidad para ser expendedor de productos financieros y tratar con clientes que le doblan o triplican la edad sin que el muchacho tenga ardor de estomago muy a menudo. Su jefe, no más de 35 años, lleva traje completo con corbata –claro- y se mueve con paso firme, sin embargo tampoco decide nada, es otro expendedor, solo que este te recibe en su propio despacho. Uno oye y… Leer más