Vivir eternamente. Por Marisol Oviaño
Hoy ha sido un día raro. Me desperté a las ocho y media de la mañana en la aldea de mi abuela, de la que ella salió con 12 años para ponerse a servir. Desde el dormitorio se pueden oír vacas, gallinas y gallos, burros, perros y gatos. También la respiración de mi hijo, que dormía en la cama de al lado. Le preparé el desayuno y le desperté. Antes de que pudiera meterme en la ducha se habían levantado también mi hija y mis sobrinillas pequeñas, y del silencio pasamos al alegre bullicio de las vidas que empiezan. Me… Leer más
