Trovador de madrugada. Por Isidro R. Ayestarán

Escribir un poema en una de esas noches en las que uno no es buena compañía, rehusando el abrazo del amante anhelante que le espera desde su orilla de la ciudad. Humo de cigarrillo, voz ronca de blues, luz de estrellas de neón donde se lee “no perdiste la cabeza, amigo, tan sólo tienes destrozado el corazón”. Qué razón, compañera Chavela, cuando uno no aprende de los errores por mucho que pasen los años y los regustos amargos se pudren en el alma. Y vas perdiendo la cuenta de los tragos de absenta – en mi caso – que se… Leer más