El Colorado. Por Bernarda Enriquez
Creyendo estremecer los cimientos de seguridad de aquel recluso, el fornido, mostachon con cara de pocos amigos y hebilla escondida, le preguntó… —y tu, ¿como te llamas? En ese momento pasaba el tímido suspiro de un vientecillo tenso, esperando llevar con él, la respuesta entrecortada del infante escuálido en cuestión. La sorpresa se la llevó el preguntante, al escuchar tan arrogante y clara respuesta de la pequeña y tenaz boca de pillo, con sus pecas traviesas y rebeldes pelitos color zanahoria….. –Si tú ya sabes quien soy,¡¡ para qué preguntas….!! …………..(..!!!….)……. No tenia idea esa autoridad frustrada con quien se… Leer más
