La tejedora de vientos. Por Isabel Ali

Todas las mañanas la tejedora de vientos se sienta bajo el sauce, para ovillar los vientos que sus trampas apresan durante la noche. Engancha, con prolijidad, el extremo final de un viento con el inicio de otro. Apretando los filamentos entre sus yemas y retorciéndolos, hasta que se unifican en una fibra que se prolonga un par de kilómetros. Unas veces son brisas del norte, cálidas y rojizas como briznas de fuego, que le entibian las manos mientras las enrolla. Otras veces, son ventiscas del sur, frescas y turquíes como el lapislázuli, que resbalan entre los dedos cual chispitas de… Leer más