La sirena de la calle cubo. Por Isidro R. Ayestarán

Se la podía ver todas las mañanas en los aledaños de la calle Cubo, rodeada de bolsas de plástico donde llevaba todas sus pertenencias, con la mirada perdida en el recuerdo y el pasado, y un sempiterno cigarrillo en la comisura de los labios. Y silencio. Siempre rodeada de silencio. Dicen quienes llegaron a conocerla en sus buenos tiempos, que había sido musa de un poeta torturado y decadente, maldito en sus escritos y reflejo de la tristeza de muchos… Un pigmalión oscuro cuyo único éxito había sido el haber creado al personaje por el que aquella vagabunda sería siempre… Leer más