INNOCENCE. Por Cecilia Prado

La niña se acercó a la jaula donde moraba el pájaro. Se quedó un buen tiempo mirándole en silencio, detrás de los barrotes oxidados. –¿Quieres salir? –le preguntó al rato, asaltada por un ansia nueva. El animal no se movió, continuó oscuro y cabizbajo sobre la delgada varilla de metal pero de su garganta rosada ascendió, como un grito de muerte, un graznido lúgubre y grave, el cual la niña debió de interpretar como un “sí”, pues acto seguido abrió las puertas de su cárcel. Un chirrido espantoso cortó entonces el mutismo estéril y el pájaro pasó de la inmovilidad… Leer más