EPÍLOGO A UN VIAJE. Por Julio Cob Tortajada
La superficie de la mar, cuando recibe la caricia del viento próximo a Santorini, rompe sus crestas en suaves burbujas como el blanco del algodón. Presenta la textura de los grumos y su superficie parece densa, como el mercurio, brillante, metálica, amortiguándose en ella la luz. Azul marino como de uva negra, morado de moras y con pinceladas blancas que forman caballitos de mar. El cielo, de tonos más suaves y con ligeras brumas, es el contrapunto en una línea que se pierde en el infinito y los separa en dos mitades: lo real de lo imaginario, hasta confundirlos. Cortinas… Leer más
