Lluvia. Por Isidro R. Ayestarán
La lluvia de la noche cae sobre sombras chinescas, apenas alumbradas por las farolas que hacen frontera entre su mundo y el de la ciudad. Una lluvia compuesta por gotas de placer en unos casos, por agua de dolor en muchos otros… pero siempre, por la humedad de los recuerdos, que acentúan sin piedad alguna cualquier sensación de sequedad nostálgica. Es esa lluvia la que empapa los rostros del desánimo, del desencanto, del silencio más audible que se pueda soportar. Pero aún así, el mundo de las sombras chinescas permanece inmóvil, «prietas las filas» que dice el viejo coronel de… Leer más
